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10 buenas películas de terror que probablemente no viste (y deberías)

Internet está plagada de listas cinéfilas. Entre ellas suelen abundar las vinculadas al cine de terror, y en particular las que intentan rescatar películas algo olvidadas. Cosas del tipo Best Unknown Horror Movies o Scariest Films You've Never Seen. El problema es que a veces esas listas incluyen películas como El ente o El intermediario del diablo, que cualquier seguidor del género que se precie debería conocer. Entonces decidí armar este post, con films realmente poco vistos.

Para establecer un criterio de selección, sólo incluí películas que tengan menos de dos mil votos de usuarios en la Internet Movie Database. El tope es un poco arbitrario, porque el users rating es más preciso para determinar popularidad cuando se aplica al cine estadounidense que al del resto del mundo. Pero al menos sirve para tener una idea de qué tan conocida -o, en este caso, desconocida- es una película. No pretendo descubrir obras maestras olvidadas, pero al menos intentar darle alguna visibilidad a films que merecen más reconocimiento del que tienen (al menos fuera del circulo de los seguidores más hardcore del género).

No todos los títulos pertenecen al terror puro y duro, sobre todo si tomamos la definición del género que lo vincula con lo sobrenatural. Algunos estás más cerca del thriller, otras del drama psicológico. Pero todos incluyen claros elementos del cine de terror. En última instancia, el género también puede definirse por el efecto que pretende generar en el espectador. Y las diez películas mencionadas abajo -en un orden aproximado de preferencias- intentan aterrar, estremecer o al menos perturbar. Y lo consiguen.


10. The Witch Who Came from the Sea (1976), de Matt Cimber

'The Witch Who Came from the Sea ', de 
Matt Cimber

Esta historia de una mujer atormentada por los abusos que sufrió en su infancia tiene algunas características del mejor cine estadounidense de los setenta: libertad formal y ambigüedad narrativa. Todo empaquetado dentro de las limitaciones del bajo presupuesto y cierta intención exploitation que el director ya había explorado en obras anteriores (como el documental porno Man and Wife, que cada tanto exhiben en el Malba). El resultado es extraño pero convincente. The Witch Who Came from the Sea apenas era recordada -aunque muy poco revisitada- como una integrante de los infames video nasties británicos. Pero como señalaron en Slant Magazine, la película puede verse hoy como una precursora -bastante superior- de Under the Skin.


9. Dark Waters (1993), de Mariano Baino

'Dark Waters', de Mariano Baino

Luego de la muerte de su padre, una joven inglesa decide viajar a un convento ubicado en una remota isla del Este europeo con una doble intención: indagar sobre su infancia (ella nació allí) y saber por qué su padre les donaba dinero a las monjas que manejan el lugar. Esta curiosa coproducción ruso-británico-italiana, filmada en Ucrania poco después de la caída del muro y hablada mayormente en inglés, es más una sucesión de grandes secuencias que una historia. Cada escena parece una digresión para crear fascinantes y extrañas atmósferas más que un modo de hacer avanzar la historia. Y muchas de las imágenes de Dark Waters son tan potentes e imaginativas que poco importa que, de a ratos, se haga algo difícil entender qué corno está pasando o por qué los personajes hacen los que hacen.


8. Dance of the Damned (1989), de Katt Shea

'Dance of the Damned', de Katt Shea

El punto de partida es extravagante: el encuentro, durante una sola noche, de una stripper que piensa en suicidarse y un vampiro que planea matarla pero antes quiere saber qué se siente al estar bajo la luz del sol. Se trata de una pequeña joya lamentablemente olvidada, que cruza con inteligencia el terror y el drama existencialista. La directora, Katt Shea, era una actriz del montón que decidió empezar a encarar sus propios proyectos y convenció a Roger Corman de que le diera una oportunidad. Dance of the Damned (literalmente, "Danza de los condenados") nunca tuvo edición en DVD, y en Argentina se la pudo conseguir en VHS con el mentiroso título de Drácula vuelve de la tumba. Hay una remake muy inferior, Durmiendo con un vampiro, producida en 1993 y que aquí es más conocida que la original porque solía programarse con frecuencia en las trasnoches de I-Sat a fines de los noventa.


7. Laurin (1989), de Robert Sigl

'Laurin', de Robert Sigl

En un indeterminado pueblito europeo de principios de siglo, una mujer muere en lo que parece ser un accidente. Entonces su pequeña hija Laurin, de 9 años, comienza a sufrir pesadillas que le sugieren que se trató de un asesinato. Y la llegada de un misterioso militar retirado para hacerse cargo de la escuela del lugar no hace más que enrarecer las cosas. A partir de este disparador, el alemán Sigl construyó un perturbador coming of age que parece beber de fuentes tan diversas como Vampyr, de Dreyer, el terror gótico, los cuentos de hadas y las primeras obras de Herzog. Laurin se filmó con dos mangos en Hungría, y su elenco cuenta con un buen número de actores no profesionales. Pero éstas y otras limitaciones, aunque a veces visibles, no limitan la potencia de la película.


6. Next of Kin (1982), de Tony Williams

'Next of Kin', de Tony Williams

Alguna vez Quentin Tarantino, fan declarado del cine de explotación australiano (ozploitation para los amigos), comparó a esta película con El resplandor. Exageró, pero no tanto. Aquí también hay una mansión tenebrosa, que no es un hotel sino una casa familiar convertida en asilo a la que llega la hija de la fallecida dueña. Hay recursos visuales sencillos pero ingeniosos, más suspenso que sorpresa y un score electrónico de Klaus Schulze que por momentos parece disociarse de las imágenes. Con todo esto, Williams construyó un clima que se va enrareciendo paulatinamente hasta desembocar en un desenlace a todo trapo, que culmina en una toma final de extraordinaria y sutil belleza.


5. The Damned House of Hajn (1988), de Jiří Svoboda

'The Damned House of Hajn', de Jiří Svoboda

Un hombre de negocios de Praga se enamora de la hija de una familia aristocrática venida a menos. Se casan, se van a vivir juntos a la maldita mansión del título y de a poco comienza a desatarse la locura. Con un estilo visual agobiante (la insistente cámara en mano casi no se despega de los personajes), Svoboda narra la historia de la decadencia de las clases pudientes y de un hombre, el protagonista, condenado a la cordura en medio de la demencia familiar. The Damned House of Hajn -también conocida en inglés como Uncle Cyril- podría situarse en el terreno del drama psicológico, pero hay un sugerido elemento sobrenatural que empuja todo hacia el horror.


4. White of the Eye (1987), de Donald Cammell

'White of the Eye', de Donald Cammell

Cammell filmó poco pero bueno antes de llevar el caño a su sien apretando bien las muelas: Performance, La generación de Proteo. White of the Eye, su tercera película, es la historia de una pareja de un pueblito de la desértica Arizona cuya aparente felicidad se rompe en mil pedazos cuando el esposo aparece como sospechoso de una serie de crímenes. Se trata de un thriller con elementos de horror (y alguna muerte muy a lo Dario Argento, como muestra la imagen) que sobre el final se acerca al cine de acción. Y aunque la trama puede parecer medio simplona, se mantiene sólida gracias a una puesta en escena estilizada, una atmósfera opresiva, el uso insistente pero preciso de la Steadicam y la música de Rick Fenn y Nick Mason. En Argentina fue editada en VHS con el título de Sudor frío.


3. Variola vera (1982), de Goran Markovic

'Variola vera', de Goran Markovic

En un hospital de Belgrado se detecta un caso de viruela, y todos los que están adentro (médicos, enfermeras, pacientes, incluso un vendedor de libros) deben guardar cuarentena. Variola vera es una película de epidemias, más cerca del ascetismo de La amenaza de Andrómeda que del espectáculo de Contagio. Pero tiene tantos elementos del cine de terror que bien podría considerarse dentro del género: la música, los climas, las tensiones de los personajes en el encierro, los enfermos que acechan por el hospital casi como zombis. El serbio Goran Markovic volvió a apropiarse de muchas convenciones del horror unos años más tarde para narrar la historia de un trastornado profesor de piano (y quizá la historia misma de Yugoslavia) en Déjà Vu (1987), otra buena y no muy conocida película que bien podría integrar esta lista.


2. Messiah of Evil (1973), de Willard Huyck

'Messiah of Evil', de Willard Huyck

Una mujer viaja a visitar a su solitario padre a un pueblito costero de Estados Unidos. Pero cuando llega no lo encuentra, y en base a un desconcertante diario que él dejó -especie de travesía personal hacia la locura- comienza a buscarlo. Messiah of Evil debería figurar entre las grandes joyas del terror estadounidense de los setenta, pero luego de un estreno con escasa repercusión la película se consideró perdida y apenas sobrevivió en pésimas ediciones en VHS. Recién en 2008 fue restaurada a partir de una copia en 35 mm y editada en DVD, lo que permitió redescubrirla en todo su esplendor. Los climas, el uso del espacio, los encuadres en scope, la banda sonora, los silencios y dos escenas de asesinatos notables (la primera, en un supermercado, se adelante a lo que luego profundizaría magistralmente George Romero en El amanecer de los muertos), entre otros aciertos, se imponen largamente por sobre algunas torpezas narrativas y baches del guión. Una obra maestra del cine de zombis moderno.


1. Star Time (1992), de Alexander Cassini

'Star Time', de Alexander Cassini

El recorrido de esta película fue cruelmente breve: se exhibió en el festival de Sundance, tuvo unas pocas funciones de medianoche en un puñado de ciudades estadounidenses y luego fue a morir al VHS. Tremenda injusticia, porque Star Time es una gran obra que Jonathan Rosenbaum, siempre lúcido, definió como una cruza entre El rey de la comedia y Henry, retrato de un asesino. Un joven perturbado por la cancelación de su sitcom favorita decide suicidarse. Pero cuando está parado en la cornisa, a punto de saltar, aparece un misterioso personaje que le ofrece la posibilidad del estrellato: todo lo que debe hacer es salir a matar. Filmada con un presupuesto bajísimo y un elenco casi desconocido, Star Time es una mirada feroz sobre la televisión y su influencia que hoy, más de dos décadas después, quizá sea incluso más elocuente. Se apropia de algunos tópicos del cine de terror (particularmente del slasher) pero no los termina de abrazar del todo, y ahí está parte de su genio: tratar la violencia sin mostrarla explicitamente. Difícil de conseguir*, decidí subirla a YouTube, donde puede verse en una calidad decente aunque sin subtítulos en castellano.


Bonus: Angst (1983), de Gerald Kargl

'Angst', de Gerald Kargl

Hay tantas ideas visuales en esta película que es difícil creer que fue filmada hace más de tres décadas y no la semana pasada. No hay un solo plano convencional, y el uso recurrente de la SnorriCam (o algún dispositivo similar) le otorgan una modernidad que aún hoy sorprende. Pero Angst es mucho más que su parafernalia estética, porque todo está puesto al servicio de la intención de meterse en la mente de un asesino serial. Incluyendo el uso extraordinario de la voz en off, generalmente disociada de lo que vemos, y la música electrónica de Schulze (que Michael Mann usaría parcialmente luego en Manhunter). En el momento de su estreno fue prohibida en varios países, y durante años permaneció como una película maldita a la que sólo se podía acceder en dudosas copias en VHS. Uno de los principales entusiastas de este único largometraje de Kargl fue Gaspar Noé, que lo "homenajeó" sin tapujos en Solo contra todos. Si Angst no figura primera en la lista es porque recientes ediciones en Blu-ray la volvieron disponible para un público más amplio y comenzó a tener, al fin, el reconocimiento que siempre mereció. ■

* Actualización (16-06-2020). Unos años después de que publicara esta lista, Star Time fue editada en Blu-ray por Vinegar Syndrome.

Furor por los zombies, el nuevo monstruo de moda [*]

Andrew Lincoln en 'The Walking Dead'

Acaso sea la eterna fascinación por la muerte. O quizá que, "cuando no hay más lugar en el infierno, los muertos caminan en la Tierra", como avisaba la promoción de la genial El amanecer de los muertos (1978). De algo no hay dudas: los zombis son el nuevo monstruo de moda. Si en otras épocas brillaron los asesinos seriales –Freddy Krueger, Jason Voorhees, Leatherface, Michael Myers–, el hombre lobo, la momia o los vampiros, ahora es el turno de los "muertos vivos", figura legendaria de la religión vudú reinventada en 1968 por George Romero en su inigualable La noche de los muertos vivos.

Del muerto resucitado con magia haitiana, reflejado en películas clásicas como Yo dormí con un fantasma (1943), se pasó a los zombis modernos de Romero, que creó toda una iconografía: sus monstruos son antropófagos; sólo se los puede eliminar de un disparo en la cabeza (o, en su defecto, arrancándosela de cuajo); se mueven despacio y torpemente porque, claro, están muertos. Un modelo que ahora hace furor: más de 5 mil personas caracterizadas como "muertos vivos" participaron el domingo 30 de octubre de la cuarta edición de la Zombie Walk en Buenos Aires, una movida que viene creciendo en todo el mundo desde 2001. Y se movieron al ritmo de Thriller (1983), hit zombi por excelencia.

"Es un personaje dual que en su aparente simpleza nos provoca miedo, ternura e incluso risa. Todos seremos algún día cadáveres putrefactos, y mirarnos al espejo para ver cómo seremos nos provoca fascinación", opina desde España, mediante e-mail, José Manuel Serrano Cueto, autor de Zombie Evolution: el libro de los muertos vivientes en el cine (T&B Editores). "Los zombis siempre tuvieron muchos fans, pero estaban ocultos en las estanterías de los videoclubes. Hoy el cine y la televisión apostaron por el personaje, con buenos resultados: todo el mundo sabe qué es un zombi, ya no es el monstruo marginado que era antes", completa.

Los ejemplos son tantos que ser exhaustivo sería redundante. Van dos: en EE.UU. más de 11 millones de personas vieron en octubre el inicio de la segunda temporada de The Walking Dead, basada en un exitoso cómic que se publica desde 2003; y el año próximo se estrenará el quinto film de la saga Resident Evil, que surgió de un videojuego.

Para Luciano Saracino, autor de ¡Zombies! Una enciclopedia del cine de muertos vivos (Fan Ediciones), hay una explicación política para el fenómeno. "En 2001, luego de los atentados a las Torres Gemelas, el zombi copó todo. Porque Bush arremetió con un discurso contra los otros, y entonces aparecieron películas que se plantaron contra eso", sostiene. Y cita Homecoming (2005), capítulo de la serie Masters of Horror dirigido por Joe Dante en el que soldados muertos en Irak vuelven de la tumba y reclaman su derecho a votar.

En el mismo sentido opina el inglés David Flint, autor de Holocausto zombi: Los muertes vivientes devoraron la cultura pop (Ma non troppo), también a través de correo electrónico: "Los zombies hablan de nuestros miedos más eficazmente que cualquier otro monstruo, al margen de los asesinos en serie. Los monstruos tradicionales han sido muy saneado en los últimos años: sólo hay que mirar Crepúsculo para ver por qué los vampiros no asustan a nadie". Y agrega que "a pesar de un exceso de malas películas, los zombies aún tienen el poder para aterrorizar, porque representan diferentes cosas para diferentes personas. Tanto desde la izquierda como desde la derecha se puede ver a los zombies como el 'otro': la gente conectará socialmente a los zombies con la inmigración sin restricciones, la crisis bancaria, el ascenso del nacionalismo, el cambio climático o cualquier cosa que les preocupe".

Es que el zombie, quizá el más subversivo de los monstruos, da para todo. "Se pueden hacer muchas cosas con él. Permite jugar con otros límites de la violencia, porque no son humanos. Y también dan pie para criticar a la sociedad", aporta Hernán Sáez, uno de los directores de la última entrega de Plaga Zombie, trilogía que marcó la primera incursión del cine argentino dentro del subgénero. La película se vio en el Festival de Cine de Mar del Plata (donde también se proyectó Juan de los muertos, primer filme cubano de zombis, dirigido por el argentino Alejandro Brugués) y tendrá su estreno comercial en 2012, publicitado año del fin del mundo en el que -quién sabe- acaso la sociedad capitalista finalmente se devore a sí misma. ■

[*] Versión extendida de un artículo publicado ayer en el diario Clarín.

Zombie, levantate y anda

Escena de 'La noche de los muertos vivos'
Eran casi las diez cuando los espectadores comenzaron a ovacionar de pie. Pero es probable que muy pocos, tal vez ninguno de los presentes aquella lejana noche en el Fulton Theatre de Pittsburgh, en Pennsylvania, hayan advertido que lo que acababan de ver era una obra seminal, reinventora de todo un subgénero, que abriría un camino hasta entonces muy poco explorado.

Afiche de 'La noche de los muertos vivos'
LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVOS (1968)
Título original: Night of the Living Dead. Fecha de estreno: en Estados Unidos, 1 de octubre. País: Estados Unidos. Duración: 96 minutos. Dirección: George A. Romero. Producción: Karl Hardman y Russell Streiner. Guión: John A. Russo y George A. Romero. Fotografía: George A. Romero. Montaje: George A. Romero y John A. Russo. Elenco: Duane Jones (Ben), Judith O'Dea (Barbra), Karl Hardman (Harry Cooper), Marilyn Eastman (Helen Cooper), Keith Wayne (Tom), Judith Ridley (Judy), Kyra Schon (Karen Cooper).

Aquello ocurrió el sábado 1 de octubre de 1968. Un veinteañero llamado George Andrew Romero acababa de presentar La noche de los muertos vivos, su primera película, realizada de manera independiente, con un presupuesto de apenas 115 mil dólares, la ayuda de varios amigos y una inteligencia que, con los años, la colocaría como una de los obras de terror más influyente de todos los tiempos.

Las películas de zombies, por supuesto, existían desde hacía rato. Y otros directores, con el pionero Herschell Gordon Lewis a la cabeza, se habían adentrado en el gore en el intento por llevar más allá los límites del único género cinematográfico que se define por lo que produce en el espectador. Es bastante clara la influencia de Soy leyenda (1954), el excelente relato de Richard Matheson, y de Seres de las sombras (The Last Man on Earth, Ubaldo Ragona y Sidney Salkow, 1964), su primera adaptación cinematográfica. También de Río Bravo (1959), aquel gran western de Howard Hawks. Pero Romero inventó toda una iconografía: aunque se esbozan teorías, no hay certezas sobre el origen de los zombies, que no están relacionados con el vudú haitiano; se alimentan de carne humana (y no de cerebros, como una divertida secuela falsa se encargó de instalar); sólo se los puede eliminar de un disparo en la cabeza o, en su defecto, arrancándosela de cuajo; se mueven despacio y de manera torpe porque, claro, están muertos.

El joven realizador fue mucho más allá: le otorgó al film una impronta eminentemente política. Y lo hizo de la mejor manera. En el libro Midnight Movies -que, lamentablemente, aún no tiene edición en castellano- el crítico estadounidense Jim Hoberman sostiene que la película "constituyen un corte transversal sobre tipos norteamericanos medios; podría decirse que La noche... fue a Vietnam lo que algunos films baratos de ciencia ficción habían sido a la Guerra Fría: una metáfora brillante, de final abierto, para las grandes ansiedades de su época. La noche... ofreció el retrato más literal posible de Norteamérica devorándose a sí misma".

En este sentido acertó al colocar a los zombies en un segundo plano, como una amenaza constantemente latente pero no siempre concreta. La noche... es una película de interiores, donde los conflictos estallan entre los sobrevivientes recluidos en el improvisado búnker. Los muertos vivos son entonces una manera de alegorizar acerca de los problemas y las miserias de una sociedad. A tal efecto no hace falta más que remitir a la escena final, tan arrasadora como inteligente.

George A. Romero en agosto de 2007 (click para conocer al autor de la foto) Con los asesinatos de Malcom X y, sobre todo, Martin Luther King todavía frescos en la memoria estadounidense, colocar a Duane Jones como el héroe de la historia en una época en la que el único negro bueno de Hollywood era Sidney Poitier fue otro de los grandes hallazgos de la película. Aunque Jones haya sido elegido por sus aptitudes como actor y no por el color de su piel, se gambeteó la corrección política y evitó todo tipo de explicaciones: nunca en el film se menciona que Ben es negro, lo que hace a la película realmente antirrascista.

A todo esto hay que sumar otro mérito, para nada menor: La noche... es una gran película de género. Las cuatro décadas transcurridas ratifican su vigencia, con climas que hielan la sangre y una estética por momentos casi documental que se ve acrecentada por el blanco y negro. Romero, es cierto, nunca fue un virtuoso, y para potenciar las tensiones dentro de la casa echa mano a algún estereotipo, lo que de todos modos no desmerece un relato tan perturbador como poderoso.

Por eso, entre otras cosas, la primera de la larga saga (que ya lleva cinco realizaciones y promete una sexta para el año próximo) sigue siendo la mejor. En el resto, y cada vez más a medida que se suceden los episodios, los zombies son casi una excusa para bajar línea. A veces de manera lúcida, como en El amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, 1979); en otras con la impresión de que no se tiene claro qué se quiere decir, como en El diario de los muertos (Diary of the Dead, 2007).

Imitada y parodiada decenas de veces, la ópera prima de Romero generó en el mundo secuelas, remakes y rip-off de todo tipo y color. Sería demasiado extenso y pretencioso explayarse aquí sobre el asunto [1]; basta decir que hasta Argentina, país poco adepto al género, ha tenido sus ejemplos de la mano (¿por culpa?) de la gente de Farsa Producciones. Sí puede afirmarse, en cambio, que La noche... se constituyó a fuerza de méritos propios en una película fundamental, que inauguró el terror moderno e influyó de manera decisiva en varias generaciones de realizadores. Aunque hoy, a 40 años de su estreno, la afirmación ya esta más cerca de la perogrullada que del elogio. ■

[1] Un buen repaso sobre el cine de zombies se puede leer en la nota Todos tus muertos, publicada el 23 de marzo de este año en el suplemento Radar de Página/12.

> ¿Todavía no viste La noche de los muertos vivos? Tamaña herejía sólo será disculpada si vas a este link y descargás la película, gratis y de manera legal.

Tres flojas películas...

...de zombies o vampiros con poco para ofrecer.

Afiche de 'Carne muerta'Carne muerta (Dead Meat, 2004)
Dirección: Conor McMahon.
Elenco: Marian Araujo, David Muyllaert, Eoin Whelan, David Ryan.
En Irlanda, una variación de la enfermedad de la vaca loca afecta a los humanos. Varios lugares comunes del género y algunas buenas ideas visuales en este primer largo del joven McMahon, que amenaza con perder un rumbo que retoma al final. Claramente la mejor de las tres.


Afiche de 'Día de los muertos 2: contagio'Día de los muertos 2: contagio (Day of the Dead 2: Contagium, 2005)
Dirección: Ana Clavell y James Glenn Dudelson.
Elenco: Laurie Baranyay, Stan Klimecko, John Freedom Henry, Justin Ipock.
Secuela no oficial de El día de los muertos (1985), de Romero. Incongruente por donde se la mire, rebuscada y plagada de estereotipos. Por momentos intenta un homenaje a un subgénero, el de los zombies, que ni siquiera respeta. Muchas vísceras y pocas ideas.


Afiche de '30 días de noche'30 días de noche (30 Days of Night, 2007)
Dirección: David Slade.
Elenco: Josh Hartnett, Melissa George, Danny Huston, Ben Foster.
Como si el ataque de vampiros en el helado invierno de la remota Barrow no tuviese el suficiente dramatismo, los protagonistas arrastran una separación no digerida. Con inverosímiles saltos temporales y algunos golpes bajos, la película, basada en un cómic, se sitúa en un escenario real pero trampea descaradamente geografía e historia. Convencional y hasta cursi.

El regreso de los muertos vivos

Escena de 'El diario de los muertos'
La noche de los muertos vivos (Night of the Living Dead, 1968), obra seminal, reinventora de todo un subgénero, replicada, imitada y parodiada como pocas, es básicamente una película de terror, con climas que hielan la sangre y una poderosa tensión interna. Sobrevuela, sí, una mirada crítica sobre la guerra de Vietnam y sobre el racismo; pero prima, por sobre todo, el género cinematográfico.

Afiche de 'El diario de los muertos'
EL DIARIO DE LOS MUERTOS (2007)
Título original: Diary of the Dead. Fecha de estreno: en Estados Unidos, 15 de febrero de 2008; en Argentina, 20 de marzo de 2008. País: Estados Unidos. Duración: 95 minutos. Dirección: George A. Romero. Producción: Sam Englebardt, Peter Grunwald, Ara Katz, Art Spigel. Guión: George A. Romero. Fotografía: Adam Swica. Montaje: Michael Doherty. Música: Norman Orenstein. Elenco: Joshua Close (Jason), Scott Wentworth (Andrew Maxwell), Michelle Morgan (Debra), Joe Dinicol (Eliot Stone), Shawn Roberts (Tony Ravello), Amy Ciupak Lalonde (Tracy Thurman), Philip Riccio (Ridley Wilmott), Megan Park (Francine Shane), Chris Violette (Gordo Thorsen).

Así como los zombis se muestran más inteligentes en cada entrega, las películas de George A. Romero se van alejando del género original para ir revelándose como films políticos. Los muertos vivos pasan a ser cada vez más accesorios para dejar lugar a las miradas sobre la actualidad, a veces lúcidas, a veces reiterativas. Así fue hasta la cuarta entrega, Tierra de los muertos (Land of the Dead, 2005), la más política de todas, la más explicita, la que de a ratos se vale de un trazo grueso y de algunas metáforas demasiado explícitas para cuestionar, entre otras cosas, a la administración Bush y su "guerra" contra el terrorismo.

Romero vuelve a disfrazar de película de terror a un film político en El diario de los muertos (Diary of the Dead, 2007). Sus dardos (o mordidas) apuntan ahora hacia la manipulación de los medios y la democratización de la información que puede representar, con todas las posibilidades, limitaciones y peligros del caso, el avance de internet.

Para eso se vale de una fórmula conocida: la del falso documental, explotada hace casi diez años por esa monumental y hábil estrategia de márketing que fue El proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999) y que hoy aparece revitalizada con Cloverfield (Matt Reeves, 2008) y la aún no estrenada Redacted (Brian de Palma, 2007) [1]. A diferencia de las anteriores entregas de la saga, que iban mostrando el avance de los zombies sobre la tierra, esta película vuelve a foja cero y retoma la aparición de los muertos. Los cuerpos dejan ser inertes y salen en búsqueda de comida (carne humana, por supuesto) mientras un grupo de estudiantes de cine filman una peliculita. Entonces los jóvenes deciden, en medio de una huida cada vez más complicada, registrar todo con sus cámaras.

La trama parece de a ratos algo forzada y la justificación por la cual los jóvenes deciden seguir filmando -a pesar de muertes y atrocidades de todo tipo- es bastante endeble. Además, una voz en off abusa de algunas sentencias demasiado suntuosas y se extrañan ciertas sutilezas de La noche... y El amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, 1978). Con todo, Romero sigue mostrando buen pulso para crear climas y para manejar el fuera de campo (lo que no se ve, que en las "pelis de miedo" suele ser más relevante que lo que sí se ve) y deleita, otra vez, con algunas pinceladas de humor negro.

Wes Craven, Stephen King, Simon Pegg, Quentin Tarantino y Guillermo del Toro prestaron sus voces para la película, en lo que fue una especie de reverencia hacia quien consideran un maestro. Como pocos tipos en la historia del cine, Romero logró abrir un camino hasta entonces prácticamente intransitado. De aquello se van a cumplir en unos meses cuarenta años. Y las cosas, está claro, han cambiado mucho desde entonces. ■

[1] Aunque en su momento pudo parecer novedosa, la idea del falso documental es muy anterior a El proyecto Blair Witch. Probablemente el primer film de ficción que la explotó haya sido Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, Ruggero Deodato, 1980), película a la que le dedicaremos un próximo post.