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Yakuzas frente al mar

Según una ingeniosa descripción de Thierry Jousse, esos tiempos vacíos, las escenas de playa, por ejemplo, nos dan la extraña sensación de que los personajes de un film de Fuller se hubieran extraviado en un film de Antonioni.
Antonio Weinrichter en su libro Pantalla amarilla. El cine japonés acerca de Sonatine (1993), la mejor película de Takeshi Kitano. El genial director japonés, uno de los grandes creadores de formas contemporáneas, cumple hoy 65 años. ■

Mar del Plata 2010: segunda entrega

Asociaciones ilícitas.

Takeshi Kitano y Tetta Sugimoto en 'Outrage'
Outrage debe ser la película más nihilista y menos lúdica de Takeshi Kitano. En su regreso al cine de género luego de una trilogía bastante autorreferencial sobre el arte y el espectáculo, el autor vuelve sobre la mafia japonesa con una mirada más desencantada que lo habitual. Los tiempos han cambiado mucho desde la extraordinaria Sonatine (1993) y la lealtad -acaso último refugio para la moral entre criminales- aparece perimida. Outrage (en inglés, atrocidad) es escencialmente eso: una historia nimia de traiciones y venganzas atroces entre miembros de un mismo clan. Es que en este capitalismo monopólico la delincuencia ya no parece ser, como decía Brecht, la única aventura posible en el mundo burgués.

El humor es más bien melancólico, por momentos casi patético, y la abundante dosis de violencia no es gratuita. La película -se insiste- se titula "Atrocidad", y no "Qué linda es mi familia". Pero además hay cierto distanciamiento que deja un espacio para la reflexión. "Filmo la violencia de tal manera que el público sienta verdadero dolor. Nunca filmé la violencia, ni nunca lo haré, como si se tratara de un videojuego", dijo el director en mayo pasado en Cannes, donde la película participó de la competencia oficial. Las imágenes no lo desmienten.

Según IMDb, Kitano está trabajando en una segunda parte, a estrenarse el año próximo, lo que podría desmentir el tono de despedida que parece advertirse en la película.

El economista Nouriel Roubini, uno de los testimonios de 'Inside Job'
Otra banda de delincuentes, esta vez de guante blanco, es la protagonista de Inside Job. Se trata de un documental de Charles Ferguson que se mete con el sacudón económico de 2008, la peor crisis financiera desde la Gran Depresión en Estados Unidos y gran parte del mundo. Lo hace desde lo que cree una certeza: la verdad no es una construcción colectiva sino una realidad que el director conoce y se dispone a revelar. Así, para Ferguson es incuestionable que el sistema financiero estadounidense funcionó de manera eficiente y honesta hasta principios de los ochenta, cuando amparado por Ronald Reagan un grupo de inescrupulosos yuppies, mujeriegos y un poco drogones, comenzó a desregular el sector hasta transformarlo en una peligrosa industria de la especulación. Una tesis que Oliver Stone primero y Bret Easton Ellis después plantearon de modo más atractivo hace ya dos décadas.

De gran producción, con espectaculares tomas aéreas de Nueva York e imágenes propias tomadas en al menos tres continentes, la película (que el viernes pasado fue preseleccionada para competir por el Oscar a mejor documental) no pretende innovar en las formas y echa mano a la convencional estructura de entrevistas frente a cámara y narración en off (la voz de Matt Damon) como guía del relato.

De todos modos tiene su interés. Por un lado, por la enorme cantidad de testimonios, que van desde el director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, hasta el economista Nouriel Roubini, uno de los primeros en predecir la crisis, pasando por parte importante de los autores materiales de la estafa, muchos de los cuales son puestos en apuros por el director. Por otro, porque explica de manera bastante didáctica el funcionamiento de algunos productos financieros, como los créditos subprime, claves en la crisis. Pero lo más interesante es una mirada que no suele estar presente en este debate: la responsabilidad de las universidades, que en lugar de generar pensamiento crítico fomentan un respaldo teórico al modelo. ■

Por los cines de Mar del Plata (tercera entrega)

Para el último post (en realidad habrá un cuarto, pero apenas serán quejas y alguna otra cosa por el estilo), lo mejor que este bloguer pudo ver en el Festival. Son cuatro películas: dos de grandes autores y otras tantas de realizadores con pocas obras pero que ya ganaron prestigio a nivel mundial.


Dos regresos

Takeshi Kitano en 'Aquiles y la tortuga'
El primero no se trata de un regreso en el sentido estricto, ya que su película anterior es del año pasado y desde su debut, en 1989, viene filmando a buen ritmo. Pero con Aquiles y la tortuga (Achilles to kame, 2008) Takeshi Kitano vuelve a un gran nivel: se trata de su mejor obra en años, probablemente desde Flores de fuego (Hana-bi, 1997).

El director japonés narra en el formato de biopic el tragicómico andar de un hombre, de la infancia a la adultez, que -como se aclara de entrada- "soñaba con ser un artista, aunque tal vez haya nacido para eso, para soñar". El protagonista sólo sabe acumular fracasos, y no duda en apelar a los recursos más sórdidos (prostituir a su hija, por ejemplo) en la carrera por alcanzar su sueño imposible.

En Aquiles..., que cierra la llamada trilogía sobre el arte y el espectáculo inaugurada con Takeshis' (2005), el gran "Beat" deja un poco de lado los explícitos excesos autorreferenciales de sus últimas películas y retorna con fuerza a las constantes de su obra: el nihilismo, la violencia y los juegos infantiles, la melancolía y el humor negro, el suicidio como única posibilidad de redención.

Pero también es una amarga reflexión sobre el arte que bien podría tomarse para este Festival, donde, como en la paradoja de Zenón, se ven demasiados Aquiles que intentan alcanzar a la tortuga.


'Of Time and the City', de Terence Davies
El segundo film sí es un regreso: el inglés Terence Davies volvió a filmar después de ocho años. Of Time and the City (2008) es un documental sobre Liverpool, su ciudad natal. Pero -y aquí el gran mérito de la película, que tiene unos cuantos- gambetea todo acercamiento al folletín turístico. Se trata de un recorrido personalísimo, melancólico y memorioso, que evita caer en las típicas postales: los Beatles, por caso, son olímpicamente ninguneados.

Davies presenta un par de imágenes propias sobre edificios históricos de la ciudad para luego entregarse a un archivo fílmico descomunal, que traslada al espectador a distintos momentos de la vida cotidiana del siglo pasado y permite al realizador recorrer su infancia, adolescencia y juventud. Acompañan -o, mejor, complementan- un bello poema, algunas citas y la música.

No todo son estrofas autobiográficas, y este es otro de los méritos. Of Time... es también un film político: Davies dispara munición gruesa contra la Reina y la Iglesia, y con el extraordinario archivo revive las penurias y alegrías de la clase media-baja trabajadora de la Inglaterra de posguerra. Una elegía imperdible, aun con sus reiteraciones y solemnidades.


¿Dos confirmaciones?

'Un lac', de Philippe Grandrieux
La pregunta del subtítulo está relacionada con la ignorancia del autor de este blog, que no vio ninguna de las anteriores películas de los próximos realizadores. Gran parte de la crítica a nivel mundial no tiene dudas al respecto: prescindiría de los signos de interrogación para referirse a quienes ya considera auteurs.

Dicen que Un lac (2008) es la película más accesible del francés Philippe Grandrieux porque, a diferencia de las dos anteriores, cuenta una historia. Casi una anécdota, en realidad, sobre un joven leñador epiléptico, su madre ciega, la relación con sus hermanas y la llegada de un extraño.

El asunto aquí es cómo Grandrieux filma todo eso. Se trata de un film de texturas, de tonos apagados y brumosos, con una cámara extremadamente inquieta que hace de películas tipo Tirador (2007) -por poner un ejemplo cualquiera de frenética cámara en mano- un largo plano secuencia.

La cantidad de primeros y primerísimos primeros planos, sumado a la escasez de diálogos, le otorgan un clima intimista pocas veces visto y empapan de las sensaciones cálidas de la cabaña perdida en medio de la nada o heladas del monte eternamente nevado, de un abrazo afectuoso o una mirada severa. Aunque el paisaje -tan bello como opresivo- es protagonista central, jamás hay una imagen a lo National Geographic. Apenas cada tanto, bien dosificados, unos pocos travellings, virtuosos pero que no hacen alarde.


'El cant dels ocells', de Albert Serra
¿No es ridículo que tres viejos con capa y corona recorran a pie cientos de kilómetros para asistir al nacimiento de un bebé que, dicen, fue concebido sin pecado? Los erráticos avances de los Reyes Magos en su camino hacia Belén es el tema de El cant dels ocells (2008), lo último del catalán Albert Serra, que integra la competencia internacional del Festival.

Al estilo de -sostienen quienes la vieron- Honor de cavalleria (2006), Serra se mete con la historia detrás de la historia o los fragmentos en apariencia poco jugosos que no aparecen en los libros. Siempre, claro, dentro de su muy libre adaptación del asunto.

Entre la herejía y el respeto, en un áspero pero pulido blanco y negro, Serra entrelaza algunas escenas de comedia con largos planos contemplativos. Así, se ve como los Reyes Magos discuten en una noche cerrada si conviene o no atravesar una montaña y, a continuación, una larga, largísima toma que los muestra caminando en un desierto. La primera es hilarante; la segunda no se podría haber filmado mejor.

Luego de la proyección del lunes 10 al mediodía en el Auditorium Serra ofreció una conferencia de prensa. Con un look tipo rock star, respondió algunas preguntas con un asombroso nivel de detalle -lo que podía hacer suponer que nada está librado al azar en sus películas- y otras con simples "porque me gustó" o "porque quedaba bien". Su próximo proyecto, contó, es una biografía de Rainer Werner Fassbinder. Se trata de un realizador al que, obvio de toda obviedad, conviene seguir de cerca. ■

Música de películas: Sonatine


Sería vano el intento de atravesar toda la obra del japonés Joe Hisaishi en una sola entrada. Compositor prolífico, desde los primeros años de los ochenta hasta hoy trabajó en más de cincuenta realizaciones. Se destacan, entre otras, sus diez colaboraciones con Hayao Miyazaki.

Se impone, entonces, un recorte: la música de Sonatine (1993), probablemente la mejor película de Takeshi Kitano, que muestra varias de las constantes de la obra del gran "Beat": la violencia y los juegos infantiles, la melancolía y el humor negro, la muerte como única posibilidad de redención. Todo filmado con mano maestra (montaje contundente, notable uso del fuera de campo) y cierta disociación entre lo que se cuenta y cómo se lo cuenta.

La música de Hisaishi, que trabajó con Kitano en otros seis films, colabora para sostener el clima desencantado de la historia. En el video que abre el post, el primer tema del soundtrack, el bello Sonatine I ~ Act of Violence, y algunas imágenes de la película. ■

Tres buenas películas...

...asiáticas para ver en casa.

Afiche de 'Escenas frente al mar'Escenas frente al mar (Ano natsu, ichiban shizukana umi, 1991)
Dirección: Takeshi Kitano.
Elenco: Kuroudo Maki, Hiroko Oshima, Sabu Kawahara, Toshizo Fujiwara.
Film dulce y emotivo, sin cursilerías. Como casi todo lo del japonés, se trata de una historia simple, con cierta disociación entre lo que se cuenta y cómo se lo cuenta e con imágenes de notable belleza. Aunque esta vez sin la habitual y brutal violencia.


Afiche de 'Chungking Express'Chungking Express (Chung Hing sam lam, 1994)
Dirección: Wong Kar Wai.
Elenco: Brigitte Lin, Tony Leung, Faye Wong, Takeshi Kaneshiro, Valerie Chow.
Dos melancólicas, aceleradas y consecutivas historias de amor en Hong Kong. La primera se ubica cerca del film noir. La segunda, de la comedia romántica. Todo al ritmo de la hermosa California Dreamin.


Afiche de 'Barking Dogs Never Bite'Barking Dogs Never Bite (Flandersui gae, 2000)
Dirección: Bong Joon-ho.
Elenco: Lee Sung-jae, Bae Du-na.
Comedia negra, drama social, suspenso policial y hasta algo de slasher. Como en las posteriores y excelentes Memorias de un asesino (Salinui chueok, 2003) y The Host (Gwoemul, 2006, ya comentada en este blog), el surcoreano navega en su primer largometraje por varios géneros. Y no naufraga en el intento.

Fue dicho

El cine es algo muy personal. Cuando hago una película, la hago, en primer lugar, para mí mismo. Es como una maravillosa caja de juguetes con la que juego. Una caja de juguetes muy cara, por supuesto, y en ocasiones me avergüenzo de divertirme tanto con ella.
El japonés Takeshi Kitano y una concepción del cine que se deja entrever en su obra. Pronunció la frase durante una entrevista con el crítico Laurent Tirard, publicada originalmente en la revista francesa Studio y recopiladas luego en el libro Lecciones de cine (Paidós Comunicación, 2004). ■

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