Luego del repaso a su obra en el reciente Bafici, Kôji Wakamatsu se queda unos días más en Buenos Aires. Este martes comienza en la Lugones (Corrientes 1530, teléfono 0800-333-5254) un ciclo, denominado "Sexo, política y cine", en el que se proyectarán once de las casi cien películas del director japonés, desde El embrión caza en secreto (Taiji ga mitsuryosuru toki, 1966) hasta Crónicas ciclistas: los paisajes que vio el chico (17-sai no fûkei - shônen wa nani o mita no ka, 2004).
La exhibición de estos films es interesante además en relación al ciclo sobre el Mayo Francés, que termina hoy. En algunos aspectos, lo que ocurrió en París hace 40 años, la Primavera de Praga o el movimiento estudiantil mexicano (que terminó con la masacre de Tlatelolco) tienen un germen en las protestas de fines de los cincuenta y principios de los sesenta en Japón contra la ocupación estadounidense. Wakamatsu, sobre todo hasta la década del ochenta, reflejó aquellos momentos.
Se trata, entonces, de una excelente manera de acercarse a un realizador no muy conocido en Argentina. Como escribió Diego Brodersen en la Revista Ñ (texto completo en La lectora provisoria): "Demasiado intelectual para las hordas de espectadores en busca de crudas escenas de sexo y violencia, demasiado violento y sexual para el público de cine-arte, sus películas son bombas de tiempo disfrazadas de objetos de consumo rápido".
Uno. Como nunca, decenas de blogs y webs siguieron a diario el décimo Bafici. Desde Cinematófilos ofrecí un breve comentario de casi todas las películas que fui viendo y algún link interesante al respecto. Es poco (una docena de post frente a más de cuatrocientos films) pero me pareció más interesante contar a qué hora me levanté un domingo, cómo hice para llegar en diez minutos desde el Abasto hasta la Lugones o de qué charlaban los "frikitos" (una generalización absurda que en algún momento pudo ser divertida, pero ya aburre) en la interminable cola nocturna del Altlas Santa Fe.
Dos. De lo que vi y no comenté (por falta de tiempo, ganas o ideas) lo que más me gustó fue Songs of the second floor (Sånger från andra våningen, 2000), de Roy Andersson, una mordaz sátira de la sociedad sueca; y lo que menos, Boarding gate (2007), de Olivier Assayas, que no la salvan ni Michael Madsen y Asia Argento.
Tres. Me quedé con muchas ganas de ver un puñado de películas. Una es Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (2008), de Yulene Olaizola, que venía de ser premiada en el Ficco y acá ganó la competencia internacional. Otra, Profit Motive and the Whispering Wind (2007), de John Gianvito, que le puso imágenes al libro La otra historia de los Estados Unidos, de Howard Zinn. En Blogs & Docs se puede leer un buen artículo al respecto. Y también, en menor medida (no por las cualidades de la película, sino porque supongo que será más sencilla de conseguir), Stellet licht (2007), de Carlos Reygadas. Las ganas por estas últimas se acrecentaron luego de ver dos videos, cortesía del blog peruano Cinencuentro: a la izquierda habla Gianvito antes de la exhibición de su película; a la derecha, Reygadas dice cosas muy interesantes, siempre y cuando no sean tomadas en términos absolutos.
Cuatro. También me quedé con ganas de ver algo más de Kôji Wakamatsu, cineasta japonés al que desconocía. El suyo es un cine militante y, consecuentemente, le pone el cuerpo a la causa. En la edición del sábado pasado de Sin Aliento, el diario del festival, publicaron una entrevista. Allí cuenta que utilizó su propia casa de campo en el rodaje de su última película, United Red Army (Jitsuroku rengô sekigun: Asama sansô e no michi, 2007): "La historia requería que la cabaña terminase absolutamente destrozada durante el enfrentamiento, entonces no me quedó otra. Tuve que sacrificar mi propia cabaña para hacer la película". Si se manejan bien con el inglés el reportaje completo, muy recomendable, se puede leer en el sitio Midnight Eye.
Cinco. Los festivales parecen exacerbar las diferencias. Hay excepciones, claro, pero en general las películas se aman o se odian. Para Quintín, The Man from London (A Londoni férfi, 2007) comprueba que Béla Tarr es un genio; para Diego Battle, se trata de "un simple regodeo técnico-visual artificial e insustancioso". Sobre Correction (Diorthosi, Thanos Anastopoulos, 2007), Horacio Bernades opinó que "el film se cuida muy bien de medir qué cartas juega, y cuándo lo hace"; Fernando López, en cambio, escribió que "tal retaceo de información primero genera curiosidad, más tarde desconcierta, al fin desalienta". Lo que reafirma que, salvo algunos casos extremos que no admiten discusión, los que en última instancia terminan definiendo el gusto por una película son los sentimientos.
Seis. La Sala Lugones del San Martín es uno de los mejores ámbitos del país (sino el mejor) para ver buen cine. Pero desde hace rato pide una remodelación. Allí los subtítulos se proyectan sobre la película, lo que de a ratos los torna casi ilegibles. En otras salas más modernas el subtitulado tampoco es el mejor, pero molesta menos. Y a esto se pueden sumar otros problemas (algunos casi inevitables en un festival de estas características), como los que enumeró Bernades en Página/12.
Siete. Tal vez sea la influencia de ver cine en continuado durante doce días, ¿pero no les da la sensación de que en pantalla todo se parece mucho, a veces demasiado? ■
ECSTASY OF THE ANGELS (1972) Título original: Tenshi no kôkotsu. Dirección: Kôji Wakamatsu. País: Japón. Duración: 89 minutos. Elenco: Ken Yoshizawa, Rie Yokoyama, Yuki Arasa, Masao Adachi, Michio Akiyama, Yosuke Akiyama, Susumu Iwabuchi. Más info »
Una célula de militantes de una agrupación guerrillera roba explosivos en una base del ejército estadounidense en Japón. En el intento mueren algunos hombres y uno de los que sobrevive queda ciego. Se desatan entonces enfrentamientos internos, en la agrupación y en la propia célula, para ver quién se queda con los explosivos.
Todo esto trascurre entre torturas, escenas de sexo (generalmente con algún testigo), largos parlamentos doctrinarios, traiciones, deseos y contradicciones. Y se muestra entre el color y el blanco y negro, un recurso que, como casi toda la película, desorienta.
En su etapa más prolífica, entre fines de los años sesenta y mediados de los setenta, Kôji Wakamatsu filmaba cuatro o cinco películas por año. Casi todas incluían altas dosis de sexo, violencia y política, un combo que dio origen a un subgénero denominado pinku eiga.
Hoy, a los 72, sigue activo pero aminoró considerablemente el ritmo de su producción, que además parece recorrer senderos menos retorcidos. En la última Berlinale se programaron tres de sus clásicos y su último film, United Red Army (Jitsuroku rengô sekigun: Asama sansô e no michi, 2007). A este redescubrimiento tardío se suma el foco que le dedica el Bafici.
Poco más puede agregar este bloguer sobre Wakamatsu, cineasta del que apenas conocía algo por su participación en El imperio de los sentidos (Ai no corrida, Nagisa Oshima, 1976) y del que no había visto ninguna película. Habrá que seguir indagando. ■
> Ecstasy of the Angels se exhibe por última vez en el festival este sábado a las 22.15 en el Malba. Además, la retrospectiva de su obra incluye otras quince películas. El detalle, aquí.
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