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Sin novedad en el frente

Felicity Jones en 'Rogue One'

El estreno de Rogue One, spin off o desprendimiento de la saga de La guerra de las galaxias, parece confirmar que el universo ficcional creado por George Lucas hace 40 años no tiene nada nuevo para ofrecer. Ya se había visto en El despertar de la fuerza: en lugar de expandir o enriquecer ese mundo fantástico, la nueva trilogía se conforma con canibalizarlo. Se trata más de un ejercicio de nostalgia que de una estrategia narrativa, y el resultado no deja de ser triste: la maravillosa telenovela espacial ha perdido su encanto para transformarse, acaso definitivamente, en apenas un objeto de consumo.

Sobre todo esto escribí en Hacerce la crítica. Lo pueden leer acá. ■

El limpiador, de Adrián Saba

El travelling como cuestión moral


La ciudad de Lima padece una severa epidemia: un extraño virus, aún sin vacuna que lo controle, mata en cuestión de horas a quienes se contagian. En medio de esa sombría realidad Eusebio, un tipo solitario y rutinario, se encarga de limpiar y desinfectar los lugares donde alguien acaba de morir. Un día, mientras trapea el piso de una casa, encuentra a un nene oculto en un armario, desorientado y con miedo luego de la muerte de su madre. Como la epidemia afecta sobre todo a los adultos los orfanatos están repletos de huérfanos, y Eusebio no encuentra mejor alternativa que llevarse al chico a su casa, un dos ambientes modesto y gris.

A partir de esa premisa sencilla, que combina una situación casi de ciencia ficción con el clásico tema de los diferentes obligados a juntarse, el jovencísimo Adrián Saba (1988) sabe contar mucho con poco en El limpiador, su ópera prima. Eusebio está delineado con precisión a partir de detalles (sus rutinas, la forma en que realiza una llamada telefónica o que se presenta en una oficina), y también a partir de matices se irá advirtiendo la gravedad de la situación -la muerte naturalizada- y cómo la forzosa convivencia les irá cambiando la vida. Saba echa mano a recursos de la narración clásica y los combina con una puesta en escena contemporánea. De la frialdad y la desconfianza se pasa a la ternura en un recorrido austero y preciso, narrado de una manera que quizá represente la decisión más inteligente de la película: no hay movimientos de cámara hasta la escena final -sembrada por el director con lacónicos adelantos-, cuando estalla un travelling disimuladamente virtuoso que sintoniza a la perfección con el desenlace de la historia. ¿Es dolorosa la muerte? "Depende de cómo te mueras".

Más allá de algún posible subrayado y de cierta irregularidad en la construcción del personaje del chico (de a ratos, al borde del grotesco), El limpiador es una película de gran seguridad narrativa que obliga a estar atentos al futuro de su joven realizador. ■

El miedo, siempre veloz y peligroso [*]


Contagio (2011), de Steven Soderbergh, no es la primera ni será la última película sobre epidemias. Se anota del lado de las "realistas", grupo que comparte con Epidemia (1995), de Wolfgang Petersen: Dustin Hoffman y Rene Russo interpretan a una pareja que, en pleno proceso de divorcio, lucha contra un flamante virus de origen africano que se transmite por aire y mata en 48 horas. El tema también fue prolífico en la ciencia ficción y el terror. Amenazas extraterrestres protagonizan la aséptica La amenaza de Andrómeda (1971), de Robert Wise, una investigación detectivesca en el campo de la microbiología; o la genial La invasión de los usurpadores de cuerpos (1956), clásico de Don Siegel sobre la paranoia anticomunista. En el terror brilla la figura de George A. Romero, que primero con La noche de los muertos vivos (1968) y luego con The Crazies (1973) mostró hasta dónde puede llegar una sociedad atemorizada. Es que las buenas películas de epidemias son las que hablan del miedo, más veloz y letal que cualquier virus. ■

[*] Versión ligeramente extendida de un artículo publicado ayer en el diario Clarín, a propósito de la mirada que un epidemiólogo sobre la película de Soderbergh.

Fue dicho (en la ficción)

Casper Van Dien en 'Invasion'
I'm from Buenos Aires, and I say kill 'em all!
Johnny Rico (Casper Van Dien) en Invasión (Starship Troopers, 1997), inteligente película de Paul Verhoeven que, a diferencia de otras invasiones de inminente reestreno, no necesita críticos cultos que la justifiquen sino espectadores atentos que la completen. ■

Que la ficción le siga ganando a la ciencia [*]

Dave Bowman lucha contra HAL 9000 en '2001: una odisea espacial'
Desde que el cohete aterrizó en el ojo derecho de la Luna en el viaje del pionero Georges Méliès hasta la reciente batalla entre humanos y Na'vis en el fluorescente Pandora de James Cameron la ciencia ficción ha recorrido un camino largo y sinuoso en el cine. El género tuvo en Hollywood sus épocas doradas (los cincuenta, plena Guerra Fría, con producciones de escaso presupuesto que aprovechaban la paranoia comunista), otras en las que adquirió prestigio (de la mano de películas "serias" como 2001: una odisea espacial), un vuelco hacia la aventura (cortesía de George Lucas y su saga de La guerra de las galaxias) y, en los últimos años, un creciente interés por escenarios apocalípticos y alegorías ecológicas.

Resulta que ahora, luego de más de cien años de evolución del género, un físico estadounidense arremete con una especie de guía para guionistas en la que explica algunos conceptos científicos porque, se queja, el cine de ciencia ficción está plagado de errores.

Y entonces sí, hay que admitir que la "realista" pelea entre Bowman y HAL 9000 es genial, pero que el cine no sería como lo conocemos si la Tierra no se hubiera paralizado, si no nos hubieran invadido varias veces los usurpadores de cuerpos, si a Luke no lo hubiera acompañado la Fuerza, si Rick Deckard no hubiera sido un replicante o si Terminator no hubiera viajado en el tiempo, entre otros imposibles. Es decir, si la ficción no le hubiera ganado a la ciencia. ■

[*] Esta columna fue publicada hoy en el diario La Razón de Buenos Aires. Sobre la iniciativa del físico estadounidense se puede leer un artículo del periódico español ABC.es.

La excusa de los extraterrestres

Sharlto Copley en 'Sector 9', de Neill Blomkamp
Que Sector 9 figure entre las cien mejores películas de la historia en el ránking de la Internet Movie Database (IMDb) es sólo uno de varios disparates; uno menor si se tiene en cuenta que esa lista la encabeza Sueños de libertad (The Shawshank Redemption, Frank Darabont, 1994). "Es la película de ciencia ficción más emocionante que llegó en siglos, sin duda la película más emocionante del verano, y muy posiblemente la mejor película que he visto en todo el año", exageró Sara Vilkomerson en The New York Observer. Al más confiable Scott Foundas también se le fue la mano en The Village Voice. "Aún en sus segmentos más convencionales, el director expone las cosas con un genial empuje, usando la acción y los efectos de computadora para realzar en lugar de atorar la historia y los personajes", escribió. El film costó unos 30 millones de dólares y ya lleva recaudados más de 160 millones en todo el mundo.

Afiche de 'Sector 9'
SECTOR 9 (2009)
Título original: District 9. Fecha de estreno: en Nueva Zelanda, 13 de agosto; en Argentina, 24 de septiembre. País: Estados Unidos / Nueva Zelanda. Duración: 112 minutos. Dirección: Neill Blomkamp. Producción: Peter Jackson, Bill Block, Carolynne Cunningham, Ken Kamins. Guión: Neill Blomkamp y Terri Tatchell. Fotografía: Trent Opaloch. Montaje: Julian Clarke. Música original: Clinton Shorter. Diseño de producción: Philip Ivey. Elenco: Sharlto Copley, Jason Cope, William Allen Young, Jed Brophy, Louis Minnaar, Vanessa Haywood, Marian Hooman, Vittorio Leonardi.

El primer largometraje del sudafricano Neill Blomkamp, producido por Peter Jackson, tiene demasiados problemas para merecer tantos elogios de crítica y público. Esos problemas comienzan justamente en la parte más celebrada de la película: el comienzo, esos primeros diez minutos en los que, con un formato que emula al documental, se presenta a los personajes y las raíces de sus futuros conflictos.

Enero de 1982. Una enorme nave especial se posa sobre Johannesburgo, en Sudáfrica. "No todos se sorprendieron de que la nave no se detuvo sobre Manhattan o Washington o Chicago", dice una de los expertos entrevistados, explicitando un acierto menor que era evidente para cualquier espectador más o menos despierto.

La extraña nave permanece inmóvil durante meses hasta que los humanos deciden entrar. "Estábamos cercanos al primer contacto. El mundo entero observaba. Esperando, no lo sé, música celestial y lucecitas brillantes...", explicita otra de las entrevistadas. En lugar de un amigable ET aparecieron cientos, miles de criaturas extrañas, desorientadas, famélicas. Probablemente obreros explotados en algún otro sistema solar.

Las autoridades deciden confinarlos, segregarlos en un barrio (el Sector 9 del título), pero pronto las cosas se descontrolan y el lugar se transforma en una villa miseria. "Ellos te sacan las zapatillas que estás usando. Se fijan la marca y se las llevan. Se llevan cualquier cosa que tengas. Tu celular o cualquier otra cosa. Después de eso te matan", se queja una vecina frente a la cámara. "Un virus, un virus selectivo. Soltarlo cerca de los alienígenas", propone otro de los vecinos, que si viviera por estos pagos vería C5N.

Casi 30 años después los foráneos ya son más de 1,8 millón. La situación es insostenible. El Gobierno decide acudir a Multi-Naciones Unidas (MNU), una empresa privada, para trasladar a todos los "langostinos" (así denominados por su apariencia crustácea) a otra zona, alejada de Johannesburgo, preparada al estilo de un campo de refugiados. MNU designa a cargo de la operación al inoperante Wikus Van de Merwe, yerno del director de la compañía en Sudáfrica. Fin de la descripción, comienzo de la narración.

La alegoría con la situación en Sudáfrica durante los años duros del apartheid es tan evidente que pierde su sentido. Ya se mencionaron en este blog los casos de A la hora señalada (Fred Zinnemann, 1952) y La noche de los muertos vivos (George A. Romero, 1968), películas en las que la sutil alegoría respeta al género y, en consecuencia, también pueden ser vistas sólo como lo que son, un western y una de terror. Blomkamp, en cambio, pone el mensaje por encima. Lo fantástico -como la irrupción de los alienígenas, momento importante en películas de este tipo- pierde potencia en los primeros minutos porque lo que importa es el discurso. Como planteó Leonardo M. D'Espósito en su acertado comentario en Crítica: "(...) en este caso, habría resultado más valiente documentar los restos de segregación en una sociedad como la sudafricana. Con sus pobres bichos, Sector 9 permite la tranquilidad del espectador: después de todo, esos extraterrestres no existen".

Todo esto se relaciona con el otro gran problema de la película. Pasados esos primeros minutos la acción se vuelve más bien rutinaria, convencional, con militares tan sádicos como torpes y escenas de acción escasas de ideas y con estética televisiva. Para peor, en un film que cuestiona la discriminación racial se estigmatiza a los nigerianos, que son presentados como unos negros malísimos, caníbales sin escrúpulos que sólo buscan hacer negocios con la desesperación de los extraterrestres (de hecho, el gobierno de Nigeria prohibió la exhibición de la película).

Previsiblemente, el limitado Van de Merwe toma conciencia, a partir de un accidente, de la mísera situación en que sobreviven los aliens y se cambia de bando. Primero por conveniencia, luego por convicción, se relaciona con uno de ellos. Relación no del todo bien construida, como queda claro en una escena inverosímil, cuando luego de escapar juntos de un tiroteo infernal el protagonista abandona a su compañero alienígena de buenas a primeras.

El otro vínculo en la que se apoya la película es la de Van de Merwe con su esposa, alrededor del cual giran las motivaciones de nuestro héroe por accidente. Nunca convence ese amor a prueba de balas, que se sostiene hasta el último plano, sobre todo porque la rubia parece más una nena de papá que una mujer enamorada.

Por supuesto que Sector 9 tiene sus aciertos (cierto "naturalismo" de los efectos especiales, la actuación del desconocido Sharlto Copley), y si se la enfrenta con otras realizaciones recientes del género que pretenden dejar un mensaje (El día que la tierra se detuvo es el ejemplo más claro) sale bien parada. Pero casi todos los méritos quedan opacados ante la pretensión de decir algo importante a partir de una alegoría por demás evidente. Los extraterrestres, entonces, son apenas una excusa. ■

Aquella hazaña tan sorprendente como inútil [*]

'First Men in the Moon', de Nathan Juran
Fue hace mucho, mucho tiempo, en un mundo muy distinto, cuando la unión de las consonantes P y C remitía a la sigla del Partido Comunista y no a una computadora personal. Lo que la literatura (de la mano de Julio Verne y H. G. Wells) y el cine (con el mago Georges Méliès) habían profetizado se tornó asombrosamente real hace exactamente cuarenta años. Millones de personas en todo el mundo fueron testigos, televisión blanco y negro mediante, de aquel "gran salto para la humanidad" de Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna.

Sólo un contexto político como el que se instaló con el final de la Segunda Guerra Mundial puede explicar que en apenas una docena de años se haya pasado de colocar el primer satélite artificial en el espacio (el Sputnik 1, lanzado por la Unión Soviética en octubre de 1957) a que la Apolo 11, una lata con menos memoria que un lavarropas automático moderno, se posara sobre el Mare Tranquilitatis del único satélite natural de la Tierra.

Estados Unidos, que venía corriendo de atrás, impuso su poderío económico y se quedó con la carrera espacial. Con la hazaña. Una hazaña tan desmesurada y sorprendente como inútil: desde el punto de vista científico el alunizaje no fue nada más -ni nada menos- que la demostración de que el ser humano podía llegar. No es casualidad que desde diciembre de 1972, cuando Eugene Cernan se subió a la Apolo 17 para emprender el regreso de la sexta misión exitosa, nadie haya vuelto a pisar la Luna. ■

[*] Esta breve columna fue publicada hoy en el diario La Razón de Buenos Aires. El Centro Cultural Rojas ofrece durante este mes un ciclo para celebrar los cuarenta años de la llegada del hombre a la Luna. En la imagen, First Men in the Moon (1964), dirigida por Nathan Juran sobre la novela de H.G. Wells, una de las películas que se vio en el Rojas.

Ni en los peores pronósticos

Jennifer Connelly y Keanu Reeves en 'El día que la tierra se detuvo'
La película es tan, tan mala que no es fácil elegir por dónde empezar. Uno no sabe si ensañarse con la habitual impavidez de Keanu Reeves, arremeter contra la escasa pericia del director Scott Derrickson para sostener cierta intensidad dramática o apuntar contra el guionista David Scarpa por escribir algunas de las escenas más candorosamente estúpidas de los últimos años. Es que la remake de El día que la Tierra se detuvo no confirmó los peores pronósticos: los superó con creces.

Afiche de 'El día que la tierra se detuvo'
EL DIA QUE LA TIERRA SE DETUVO (2008)
Título original: The Day the Earth Stood Still. Fecha de estreno: en Estados Unidos, 12 de diciembre; en Argentina, 1° de enero de 2009. País: Estados Unidos. Duración: 103 minutos. Dirección: Scott Derrickson. Producción: Paul Harris Boardman, Gregory Goodman, Erwin Stoff. Guión: David Scarpa y Edmund H. North (versión de 1951). Fotografía: David Tattersall. Edición: Wayne Wahrman. Música original: Tyler Bates. Elenco: Keanu Reeves (Klaatu), Jennifer Connelly (Helen Benson), Kathy Bates (Regina Jackson), Jaden Smith (Jacob Benson), John Cleese (Profesor Barnhardt).

No vale la pena extenderse en comparaciones con la versión original de 1951, estrenada en Argentina como El día que paralizaron la Tierra. La idea central es la misma: un extraterrestre, Klaatu, llega a la Tierra para alertar sobre un problema. Antes era la carrera armamentista, ahora el maltrato al Planeta, cambio climático y demás. A partir de ahí la película de Robert Wise supo aprovechar la paranoia anticomunista: él estaba aquí, se movía entre nosotros y hasta parecía uno más, pero traía extrañas ideas del exterior.

Ahora las cosas son distintas. "Si la Tierra muere, ustedes mueren; si ustedes mueren, la Tierra sobrevivirá", es el mensaje, tan simplista como peligroso, que trae el nuevo Klaatu. Un ecologismo berreta que debería escandalizar hasta a los más fervientes defensores de la ballena azul. El extraterrestre hace un vago intento por comunicarse con los líderes mundiales, y ante la hostilidad del ejercito estadounidense lanza, sin que media advertencia alguna, el feroz ataque para que la Tierra sobreviva.

Después de un comienzo sin brillo, previsible pero de todos modos algo alentador, la película se torna notablemente chata y aburrida. Klaatu (Reeves) es todopoderoso pero sólo cuando al caprichoso guión se le ocurre; los militares, encabezados por la halcón Regina Jackson (Kathy Bates), son imbéciles a más no poder; el científico ganador de un Nobel (John Cleese) maneja una filosofía que avergonzaría a Jorge Bucay; Helen Benson (Jennifer Connelly), la única que de entrada comprende al alienígena, es tan open mind que se casó con un negro. Y así... No hay una sola escena que valga la pena, un solo clima que genere algo distinto al tedio en el espectador. Los efectos visuales, materia en la que Hollywood no suele pifiar, parecen excesivamente digitalizados y tampoco resultan atractivos.

La llegada de los extraterrestres a Nueva York en 'El día que la tierra se detuvo'
Hay algo destacable, sí, aunque no elogioso. Porque cuando parece que El día que la Tierra se detuvo no puede caer más bajo el dúo Derrickson-Scarpa se empeña en demostrar lo contrario. Con el fulminante ataque final ya lanzado, Klaatu presencia el momento en que el hijo del fallecido esposo de Helen la acepta como mamá. Allí advierte, tierno y compasivo, que la gente es buena y puede cambiar, y decide dar marcha atrás con la eliminación de la raza humana. En una película fría, sin intensidad dramática, para generar algo de emoción apelan a la canallada de poner a llorar a un pibe frente a cámara y encima hacerle un primer plano. De cuarta.

Reeves está tan inexpresivo como siempre pero ya no tiene sentido caerle encima, sobre todo cuando tiene la excusa de interpretar a un ser de otro planeta que se disfraza de humano. Dos actores con oficio como Bates y Cleese parecen en piloto automático, y del insoportable hijo de Will Smith mejor no hablar. Connelly, la única que transpira un poco la camiseta, pelea sin suerte contra un guión por momentos ridículo. Tal vez por eso esta vez no fue tan difícil enojarse. ■

El malo de Metrópolis

Desde la izquierda: Fritz Lang, Brigitte Helm y Thea von Harbou, en una foto publicitaria de 1927
La revista Haciendo Cine le dedicó en su número de agosto una extensa cobertura al hallazgo en Buenos Aires de una copia de Metrópolis (1927), uno de los clásicos más grandes de la historia del cine. Así, la lata con un celuloide de 16 milímetros encontrada en el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken le agregó un capítulo insospechado a una historia que se creía definitivamente cerrada.

Afiche original alemán de 'Metrópolis'
METRÓPOLIS (1927)
Título original: Metropolis. Fecha de estreno: en Alemania, 10 de enero de 1927; en Argentina, 25 de noviembre. País: Alemania. Duración: 228 minutos (aproximado). Dirección: Fritz Lang. Producción: Erich Pommer. Guión: Thea von Harbou. Fotografía: Karl Freund, Günther Rittau y Walter Ruttmann. Música original: Gottfried Huppertz. Elenco: Alfred Abel (Joh Fredersen), Gustav Fröhlich (Freder), Rudolf Klein-Rogge (Rotwang), Fritz Rasp (el hombre delgado), Theodor Loos (Josaphat), Erwin Biswanger (11811), Heinrich George (Grot), Brigitte Helm (Maria).

Este hecho, en realidad, es la excusa que tomaron para averiguar sobre cómo se trabaja en la conservación y restauración del material fílmico en Argentina. Pero la revista, como casi todos los medios que reflejaron aquel hallazgo, no indaga en los motivos por los cuales a mediados de la década del cincuenta ya no quedaba ninguna copia completa de la película tal y como Fritz Lang y su esposa y guionista, Thea von Harbou, la había ideado. La cuestión es larga y compleja, y aún hoy persisten dudas sobre algunos hechos que no están debidamente documentados, como la salida de Alemania del realizador luego de la llega al poder de Adolf Hitler.

Obra varias veces mutilada y manoseada, erróneamente ubicada por años dentro del expresionismo, analizada y desmenuzada hasta el hartazgo, vinculada al inminente surgimiento del nazismo, con un guión por momentos pueril y un desenlace reaccionario -ese ingenuo abrazo reconciliador entre Capital y Trabajo-, por demás generosa en ideas y recursos visuales, los múltiples intentos por reconstruirla dan cuenta sólo en parte de su importancia en la historia del cine. Se trata de una obra monumental a la que gran parte del cine de ciencia ficción (de Star Wars a Blade Runner, pasando por Brasil y unas cuantas más) le debe muchísimo.

Este breve artículo es apenas una aproximación a esa historia, la que transcurrió antes, durante y después de la realización del film. Pero antes de ingresar conviene, por razones que se verán más adelante, empaparse con una idea del argumento original. Aunque más no sea en base a la desprolija e incompleta sinópsis que ofrece Wikipedia.


La construcción

El guión de Metrópolis surgió en junio de 1924, durante unas vacaciones que Lang compartió con Von Harbou en Salzkammergut, Austria. Al mes siguiente la UFA (Universal Film A.G.) anunció el proyecto, que comenzaría a filmarse en el otoño europeo. Pero antes Lang viajó a Estados Unidos.

Imágenes del making off de 'Metrópolis'Llegó a Nueva York junto al productor Erich Pommer, un hombre clave de la etapa muda del cine alemán que en esos años estaba al frente de la UFA. A bordo del vapor Deutschland también estaba el arquitecto Erich Mendelsohn, uno de los máximos exponentes del expresionismo. "Dejando de lado el monóculo y otros detalles frívolos vieneses por el estilo, es un hombre reflexivo, activo y seguro de sí mismo", escribió sobre Lang.

Suele decirse que la Manhattan nocturna, con sus enormes rascacielos iluminados, sirvió de inspiración para Lang. Más allá de la leyenda, las principales ideas de la película ya estaban decididas. Tanto es así que mientras el director y el productor recorrían Estados Unidos (antes de regresar a Alemania pasaron por Hollywood, donde visitaron varios estudios y compraron equipos) Von Harbou pulió el guión y escribió, con la misma historia, una novela que se publicó desde el 26 de agosto de 1924 en una revista por entregas y que luego se editó como libro.

El rodaje comenzó el 22 de mayo de 1925 y se extendió hasta octubre de 1926. Fue una producción colosal, que involucró a centenares de técnicos y a algunos de los hombres más talentosos de la época, como Erich Kettelhut y Otto Hunte, que se encargaron del diseño de los sets. También participó el fotógrafo Eugen Schüfftan, creador de lo que hoy se conoce como "procedimiento Schüfftan", un efecto especial tan simple como genial que permite combinar en la pantalla, a través de un vidrio con zonas espejadas, porciones tomadas a escala real con otras en miniatura.

Decenas de maquetas, pinturas y decorados y más de 15 mil extras formaron parte de esta superproducción, que al final demandó seis millones de marcos -el equivalente a unos 200 millones de dólares de hoy- cuando el presupuesto previsto originalmente era de 1,5 millón.

La premiere de Metrópolis, con una una pompa acorde a tamaña producción, fue el 10 de enero de 1927 en el Palacio de la UFA, en Berlín. La música, compuesta por Gottfried Huppertz, fue interpretada en vivo por la Orquesta Sinfónica de la UFA, conducida por Otto Härzer. Luego de aquella primera proyección el film pasó a una sala de 600 butacas, donde la vieron unas 15 mil personas hasta que la distribuidora Parufamet (una asociación entre la UFA y la estadounidense Paramount) suspendió su exhibición.


La destrucción

La versión original de Metrópolis, tal como se estrenó en Berlín, tenía 4.189 metros de película. La utilización del metro para medir su duración no es arbitraria: en aquel momento las películas se filmaban a 16 fotogramas por segundo (fps), por lo que si se pasan en un proyector de cine sonoro (24 fps) están condenadas a verse aceleradas y, por lo tanto, a tener una extensión menor. Reproducida a 16 fps, la película tenía una duración aproximada de 228 minutos.

Intertítulos de la versión adaptada por Channing PollockCasi todas las historias tienen un malvado, personaje inescrupuloso que, en su intento por alcanzar algún despreciable objetivo, desata el conflicto. Aunque algunos de esos calificativos sean excesivos, en esta historia, la que desarrolla detrás la película y que hace unas semanas trasladó su acción a Buenos Aires, el malo se llamó Channing Pollock.

Escritor y dramaturgo -que, a no confundir, nada tiene que ver con el homónimo mago y actor- fue contratado por la Paramount para realizar la adaptación y traducción de los intertítulos del film para Estados Unidos. La empresa creía que la duración del film era excesiva para el público estadounidense, acostumbrado a funciones de unos 90 minutos. Y puso además algunos reparos sobre la trama, a la que consideraba demasiado controvertida.

En su autobiografía, titulada Harvest of my years y publicada en 1943 (se puede descargar completa, en inglés, desde Internet Archive), Pollock le dedicó algunos párrafos al asunto. Escribió, irónico, sobre Metrópolis: "La historia es la de un inventor que, sintiéndose mal por su viudez, se construyó a sí mismo una segunda esposa hecha de acero. En la cama, durante las noches de invierno, debió haber sido una compañía algo incómoda".

Entonces decidió darle un sentido totalmente distinto al que habían ideado Lang y Von Harbou. "Escribí una historia absolutamente diferente que, creí, podría ser contada con las imágenes disponibles. No era esa una historia muy original, basada en el tema de Frankenstein, pero tenía drama y una idea", contó. Eliminó toda referencia a la difunta Hel (creía que los estadounidense podía confundir el nombre femenino, muy común en Alemania, con la palabra inglesa "hell", infierno). Al personaje Joh Fredersen lo llamó John Masterman, y al inventor Rotwang lo transformó en su fiel servidor, que crea los robots para reemplazar a los trabajadores humanos. "La fotografía original era asombrosamente ingeniosa y artística y, por supuesto, la única esperanza verdadera de éxito", sostuvo.

Por supuesto, el resultado de la manipulación de Pollock es por demás incongruente. Los diálogos poco tienen que ver con las interpretaciones y hay decenas de errores de continuidad. Pero esta es la versión que se exhibió durante años no sólo en Estados Unidos (donde tuvo su premiere el 5 de marzo de 1927, en un teatro de Nueva York) sino en gran parte del mundo. Tenía unos mil metros menos de película que la original. Incluso la versión estrenada en Stuttgart, Alemania, el 25 de agosto de 1927 era similar a la de Pollock.

Aunque no hay precisiones al respecto, se puede especular con que tal vez esta burda manipulación haya llevado al mismísimo H.G. Wells a titular su crítica sobre el film, publicada en el New York Times el 17 abril de 1927, con el categórico "Metrópolis, la película más tonta".


La reconstrucción

Entre Pollock y la devastadora Segunda Guerra Mundial, que dividió a Berlín y terminó con la UFA, se encargaron de que no quedaran copias originales de la película. Más de veinte años después, en 1969, el Archivo Fílmico Estatal de Alemania del Este (Staatliches Filmarchiv der DDR) hizo el primer intento serio por volver a armar la versión original de Metrópolis. Pero la tarea recién recobró un fuerte impulso a partir de los primeros años de la década del ochenta.

Uno de los trabajos más conocidos lo realizó el productor musical italiano Giorgio Moroder en 1986. Siempre vinculado al pop y la música disco, ganador de tres premios Oscar, Moroder basó su trabajo en la copia del film perteneciente al Museo de Arte Moderno. Agregó fotos y textos para explicar las escenas perdidas, cambió los intertítulos por subtítulos, coloreó algunas escenas y sustituyó la banda musical original con otra, de la que participaron Pat Benatar, Bonnie Tyler y Freddie Mercury, entre otros. Aunque cuestionable (muchos especialistas no consideran que sea una restauración), su iniciativa tuvo el mérito de intentar reconstruir la versión original película. Y de acercarla a un nuevo público.

Un monje lee el Apocalípsis, en una de las escenas de 'Metrópolis' que permanecen perdidasLa tercera restauración importante se realizó entre 1987 y 1995. El Munich Film Museum, bajo la dirección del historiador alemán Enno Patalas, usó todas las fuentes disponibles para llegar a 3.150 metros de película. En base a la información del guión, la partitura musical y los documentos de la censura alemana reconstruyeron las escenas perdidas. También se recuperó la banda sonora de Huppertz, con nuevos arreglos de Berndt Heller.

En 1998 comenzó la restauración que, hasta ahora, se consideraba definitiva. La llevó adelante un equipo encabezado por Martin Koerber, que logró alcanzar 3.341 metros de película. A pesar del esfuerzo, al menos cuatro escenas importantes (alrededor de un cuarto de la película) se dieron por perdidas definitivamente. El propio Koerber contó los detalles del proceso en un artículo en inglés publicado en el sitio de la compañía alemana Alpha Omega, que trabajó en el proceso digital de la restauración.

Esta versión se presentó en 2001, y un año después fue lanzada en DVD por Kino Video, en una excelente edición que incluye, además del film, una nutrida cantidad de extras: imágenes del making off, biografías, un comentario de audio de Patalas, un documental sobre el proceso de restauración y otro, titulado The Metropolis Case, que recorre en 43 minutos el antes, durante y después de la realización de la película.

El actor Erwin Biswanger en una de las escenas recuperadas de 'Metrópolis'Así se llegó al 2 de julio de este año, día en el que se anunció el hallazgo de una copia, bastante deteriorada, en Buenos Aires. Tiene varios tramos que se creían perdidos, pero de todos modos no llega ser la película completa. "Cuando la mostré en Berlín, alguien me dijo: 'Todavía falta un plano famoso, de un monje negro leyendo el Apocalipsis'. Es cierto, y esto alienta seguir la búsqueda, ¡pero estás viendo 23 minutos que nunca creíste ver en tu vida!", contó Paula Félix-Didier, directora del Museo del Cine porteño. Curiosamente, un periódico español, Público, es el que mejor narró este nuevo capítulo, que tuvo a Fernando Martín Peña como protagonista. Aparentemente, el año que viene saldrá una nueva edición en DVD y Blu-ray que incluirá estas escenas.

Este relato, entonces, aún no está cerrado. Una historia de tantos años de trabajo e investigación sobre un asunto que al mismísimo Lang, que murió en agosto de 1976, no parecía importarle demasiado. El novelista Robert Bloch, autor de Psicosis, contó que una vez, durante una charla, le preguntó al director sobre Metrópolis. Y Lang respondió: "¿Por qué tanto interés en una película que ya no existe?". ■

El día que volverán a paralizar la Tierra

Jennifer Connelly en 'The Day the Earth Stood Still' (2008)
Quienes vengan siguiendo desde hace un tiempo este espacio sabrán de la debilidad de su autor por Jennifer Connelly. Actriz sólida y efectiva que jamás alcanzó -tal vez por decisión propia- la carrera que se merecía, ganadora de un Oscar por la muy mediocre Una mente brillante (A Beautiful Mind, Ron Howard, 2001), es una de las mujeres más hermosas que dio el cine.

Jennifer además vive en Brooklyn, lejos del glamour insustancioso de Los Angeles, y no vota a los republicanos. Pero -esto ya no es tan bueno- filma relativamente poco y de manera esporádica: una docena de películas en los últimos diez años. Por eso siempre es bueno tener información suya.

En Argentina se espera la salida del DVD (ya casi no hay esperanzas de un estreno en cines) de Reservation Road (Terry George, 2007), un drama con Joaquin Phoenix, Mark Ruffalo y Mira Sorvino. Y en las últimas semanas llegaron noticias sobre un rifirrafe con Jennifer Aniston, ambas integrantes, junto a Scarlett Johansson, Ben Affleck, Drew Barrymore y Kris Kristofferson, del estelar elenco de He's Just Not That Into You, comedia de Ken Kwapis prevista para el año próximo.

Pero lo más interesante es su participación en la remake de un clásico de la ciencia ficción de los cincuenta: El día que paralizaron la Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951), de Robert Wise, una de las tantas películas del género que surgió al calor de la Guerra Fría, como contextualiza un muy buen artículo del blog La tetona de Fellini. Aunque vista hoy pueda parecer simplona y hasta naíf, aquella primera versión fue bastante osada en sus días. Tanto que el Comité Parlamentario sobre Actividades Antiamericanas tanteó a Wise para saber si estaba vinculado al comunismo.

Afiche de 'El día que paralizaron la tierra' (1951)Un platillo volador aterriza en Washington. De la nave baja un sujeto con extraña vestimenta y, aunque dice venir en son de paz, las fuerzas armadas estadounidenses, inquietas, lo reciben con un disparo. Luego de pasar por un hospital, Klaatu, el alienígena en cuestión, intenta llevar a cabo su cometido: advertirles a los líderes del mundo que paren su carrera nuclear porque otras civilizaciones temen que la Tierra se vuelva peligrosa para la galaxia. Klaatu, ingenuo, no contaba con las tensiones internas del planeta, que le imposibilitan una reunión con todos los jefes de estado. Entonces escapa y se mezcla entre los humanos, en un intento por encontrar a alguien que pueda escucharlo. Se trata de un film austero, de producción moderada y buenas ideas.

Hace unos días se lanzó el primer trailer de la nueva versión, que se estrenará el 12 de diciembre en Estados Unidos y aquí está prevista para el 8 de enero de 2009. La dirige Scott Derrickson, el de El exorcismo de Emily Rose (The Exorcism of Emily Rose, 2005). Klaatu está interpretado por Keanu Reeves, lo que no genera muchas esperanzas: su grito sobre el final de Matrix debería quedar en la antología de las escenas más involuntariamente cómicas de la historia del cine. Jennifer es Helen Benson, que no será una secretaria como en la versión original sino una experta en microbiología de la Universidad de Princeton. El elenco lo completan Kathy Bates, el inglés John Cleese y Jaden Smith, el hijo de Will. La gran pregunta es cómo intentarán recrear hoy el clima de la película de Wise, ya que los contextos son bastante diferentes.

Por la grandilocuencia desmedida de algunas imágenes del trailer, los antecedentes del director y el protagonismo de Reeves, el no siempre confiable olfato cinéfilo prevé un film de escasos méritos. Pero de todas maneras ahí estará este bloguer, recostado en su butaca, aunque más no sea para reafirmar cuán difícil es enojarse con una película cuando Jennifer Connelly aparece sonriendo en la pantalla. ■

El lado oscuro de la Fuerza

Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford en 'Star Wars'
El 25 de mayo de 1977 se estrenó en Estados Unidos una de las películas más influyentes de la historia del cine: La guerra de las galaxias (Star Wars), tercer largometraje de George Lucas que cambió para siempre la forma de ver, hacer y comercializar el cine.

El 15 de mayo de 2005, a pocos días del estreno de Episodio III de la saga (La venganza de los Sith, última entrega de la segunda trilogía, sexta película que en realidad es la tercera, ¿me entiende?), Rodrigo Fresán publicó una nota en el suplemento Radar de Página/12 que ya desde el ingenioso título salía a buscar roña: El que te jedi. Con algunos argumentos sólidos y otros bastante endebles, Fresán se dedicó a destrozar a la saga y a Lucas.

Tapa del suplemento Radar (15-05-2005)Acierta al plantear que Star Wars trivializó el espacio exterior luego de películas como 2001: una odisea espacial (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968) o Solaris (Solyaris, Andrei Tarkovski, 1972), con las que el cine de ciencia ficción había sacado chapa de serio y alegorizaba sobre los posibles destinos de la humanidad. La saga que comenzó Lucas es entretenimiento puro y duro, con mucha ficción y nada de ciencia. Una historia de acción y aventuras con un trasfondo político simplón que toma un poco de todos lados (la obra de J. R. R. Tolkien, la de Frank Herbert, los estudios de Joseph Campbell, la tradición Samurai y de los westerns).

Pero por otro lado sería necio negar los aportes técnicos de Lucas y su compañía, Light & Magic. Una de los más importantes -y menos conocidos- es el Dykstraflex, sistema de control de movimiento diseñado por John Dykstra para L&M que fue esencial en los travellings sobre las maquetas de la película, ya que permitía programar con precisión el recorrido de la cámara. Algo similar ocurrió con el perfeccionamiento del sistema de bluescreeen (pantalla azul), sin el cual el film hubiese sido imposible.

Todo esto viene a cuento de que en julio, tal vez por la proximidad de las vacaciones de invierno, el Centro Cultural Borges exhibirá las primeras cinco películas de la saga, desde la iniciática Star Wars hasta Episodio II - El ataque de los clones (Star Wars: Episode II - Attack of the Clones, 2002). Los detalles, aquí.

La gacetilla de prensa no aclara cuáles de todas las versiones se proyectarán. Porque bien conocida es la obsesión de Lucas por algunos detalles. En la primera película, por ejemplo, hay una escena en la que Han Solo (Harrison Ford) recibe el apriete de Greedo, uno de los hombres de Jawa, para que pague una deuda. En la versión original de 1977 Han saca su pistola y dispara primero por debajo de la mesa; en la estrenada en 1997 el primer en tirar es Greedo, lo que le quitaba al personaje de Ford su carácter westerniano; por último, la edición especial en DVD mostraba a los dos disparar al mismo tiempo.

Recuerdo la enorme fascinación que me generaba ver en la gigantesca pantalla del cine Gaumont a Luke Skywalker y los suyos en medio de furiosos enfrentamientos con sables láser. Tenía entonces siete años. La segunda parte de la trilogía, mal planteada desde el vamos, acarreó una desilusión profunda. Supongo que yo crecí y las películas no: seguían apuntando a un público promedio de doce años. Es por eso hoy me parece mucho más interesante la puesta experimental de THX 1138 (1970), aquel primer largo de Lucas. ■

¿El hermano menor de quién?

Denzel Washington en una escena de Déjà Vu
¿Cuándo dejaremos de denominar peyorativamente a Tony Scott como el hermano menor de Ridley? Es cierto que tiene unos cuantos bodriazos en su carrera y que varias de sus películas son ideológicamente muy jodidas. Pero la mayoría son de esas que cada vez que las pescamos en el cable las volvemos a mirar, aunque más no sea alguna escena. ¿O acaso no vieron miles de veces a Tom Cruise sentado en su moto con la puesta del Sol de fondo mientras suena Take my breath away? ¿O al mismo Cruise mientras explica qué es la succión en una de las piernas perfectas de Nicole Kidman? Ridley, en cambio, no debería poner mucho más que Blade Runner (1982) en su curriculum.

Afiche de Déjà Vu
DEJA VU (2006)
Fecha de estreno: en Estados Unidos, 22 de noviembre; en Argentina, 4 de enero de 2007. País: Estados Unidos. Duración: 128 minutos. Dirección: Tony Scott. Producción: Jerry Bruckheimer. Guión: Bill Marsilii y Terry Rossio. Fotografía: Paul Cameron. Montaje: Chris Lebenzon. Música: Harry Gregson-Williams. Elenco: Denzel Washington (Doug Carlin), Paula Patton (Claire Kuchever), Val Kilmer (Paul Pryzwarra), Jim Caviezel (Carroll Oerstadt), Adam Goldberg (Alexander Denny).

El menor de los Scott tiene la capacidad -no del todo habitual en estos días- de hacer films entretenidos. Es raro que alguien la pase mal en el cine. Esto es lo que ocurre con Déjà Vu (2006), su última película. Y Tony es, además, un director muy ganchero: más que modernas, sus películas son de época. Por eso, aunque suelen envejecer muy pronto, no dejan de tener cierto atractivo. Es lo que ocurrió con las mencionadas Top Gun (1986) y Días de trueno (Days of Thunder, 1990).

A diferencia de Hombre en llamas (Man on Fire, 2004), Déjà Vu no es una película fascista. Lo que la hace más disfrutable. Sólo hay que aguantar el golpe inicial, cuando una cuestión tecnológica amenaza con sacar la trama de registro, volverla inverosímil. Vamos a ver una de acción y de pronto nos encontramos con una de ciencia ficción. Pero pasado el sobresalto, una vez que nos acomodamos, viene lo mejor: un manejo del tiempo y el espacio con cierta reminiscencia a la primera Terminator (James Cameron, 1984). Y una escena, la de la persecución (mitad en el pasado, mitad en el presente), de notable factura. Se trata de una buena película, nada más ni nada menos.

En el número de febrero pasado de la revista El Amante, Federico Karstulovich comparó las películas de Tony Scott con milanesas a la napolitana con papas fritas a la provenzal. Para seguir con las figuras gastronómicas, yo diría que más bien son como un combo de Burger King: sabemos que hacen mal y ponemos un montón de reparos ideológicos al respecto, pero nos gustan y cada tanto regresamos. ■

Fue dicho

El cine de ciencia ficción está muerto, como el western.
Palabras más, palabras menos, lo afirmó Ridley Scott en Venecia, según leemos en el Times Online. "No hay nada original. Ya lo hemos visto todo antes. Estuve ahí. Lo hice", agregó, con algo de pedantería. No es que considere al inglés como un gran pensador del cine. Pero el tema, aunque no es nuevo, da para la discusión.

El ciclo del western, género cinematográfico por excelencia, parece agotado, a pesar de algunos intentos aislados de Clint Eastwood y algún otro insistente. Algo similar ocurre con los musicales, que tuvieron su época de gloria allá lejos y hace tiempo. En este instante, al voleo, apelando sólo a la memoria, no se me ocurren películas de ciencia ficción más o menos recientes que hayan aportado algo interesante.

Matrix (Andy y Larry Wachowski, 1999) debe ser la más influyente de los últimos años, pero apenas desde la estética. Lejos está de 2001: una odisea espacial (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1969) o Solaris (Solyaris, Andrei Tarkovsky, 1972), films que le dieron prestigio al género y sirvieron para alegorizar sobre futuros posibles.

Más allá de la falta de originalidad que menciona Scott (algo que no es nuevo), se me ocurre -esto, seguro, lo leí en algún lado- que en el declive de la ciencia ficción puede tener que ver el hecho de que ya no le tememos a la tecnología, sino que convivimos con gusto con ella. ■

La versión final de Blade Runner pasó por Venecia

Edward James Olmos, Ridley Scott, Daryl Hannah y Rutger Hauer, hoy en Venecia
El inglés Ridley Scott presentó hoy en el Festival de Venecia, a 25 años de su estreno, la versión definitiva y restaurada de Blade Runner, sin dudas lo mejor de su irregular filmografía. "Sólo con una obra de alto nivel artístico y que haya alcanzado el rango de clásico se puede hacer una operación de este tipo", sostuvo Scott hoy, durante una conferencia de prensa previa a la exhibición. A su lado estaban Rutger Hauer, Edward James Olmos y Daryl Hannah. El film se vio en la medianoche italiana, por lo que aún es muy pronto para saber cómo lo recibió la crítica.

Póster de Blade Runner
BLADE RUNNER (VERSION ORIGINAL, 1982)
Fecha de estreno: 25 de junio (EE.UU.). País: EE.UU. Duración: 117 minutos. Dirección: Ridley Scott. Producción: Michael Deeley, Hampton Fancher, Brian Kelly. Guión: Hampton Fancher y David Peoples, sobre una novela de Philip K. Dick. Fotografía: Jordan Cronenweth. Montaje: Marsha Nakashima. Música: Vangelis. Elenco: Harrison Ford (Rick Deckard), Rutger Hauer (Roy Batty), Sean Young (Rachael), Edward James Olmos (Gaff), M. Emmet Walsh (Bryant), Daryl Hannah (Pris), Joanna Cassidy (Zhora).

Basada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), de Philip K. Dick, la película plantea un futuro anacrónico, una humanidad en ruinas plagada de replicantes y policías donde las emociones son subversivas. Todo al ritmo de la gran música de Vangelis, injustamente asociada al fútbol en estas tierras. Un gran film, bastardeado en su momento por la crítica y que fue a contrapelo de la tenencia que impusieron en los primeros ochenta la saga de Star Wars y luego E.T.

Hasta hoy existían, se sabe, dos versiones del film: la original, estrenada en 1982, con una voz en off y un happy ending luminoso, realizado con planos que se habían descartado del comienzo de El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980); y el director's cut, editado en VHS en 1992, que permite nuevas lecturas de la historia y propone un final más oscuro y lógico. Esto si dejamos de lado las habituales exhibiciones previas al estreno, en las que se testean las reacciones del público.

Para celebrar (pero sobre todo seguir facturando con) este 25 aniversario la Warner lanzará el 18 de diciembre tres ediciones especiales en DVD que incluyen el nuevo corte: una de dos discos, otra de cuatro y la tercera, desaforada, una valijita con cinco DVDs, que en Amazon publican a casi 79 dólares. Esta versión ¿definitiva? se exhibirá en algunos cines de Nueva York y Los Angeles desde el 5 de octubre. Aparentemente no llegará a las salas argentinas.

Lo dicho: más allá de las obscenas movidas comerciales y lo que quizá sean genuinas inquietudes artísticas de Scott, estamos hablando de una gran película. Entre las varias escenas memorables elijo dos. Desde lo visual, el momento en el que Rick Deckard (el siempre rendidor Harrison Ford) se topa con Pris (bellísima Darryl Hannah) en su búsqueda de los replicantes. Son magistrales la composición del cuadro, con la falsa muñeca camuflada entre los demás objetos, y el clima. Aunque hoy pueda parecer inadecuada la distopía que plantea el film (asunto recontra discutible), la escena es una muestra de que visualmente Blade Runner aún resiste, inoxidable, el paso del tiempo.

Daryl Hannah y Harrinson Ford en una escena de Blade Runner
La otra es una maravillosa alegoría; tal vez algo forzada, es cierto, pero como casi todas las alegorías en el cine. Ante el inexorable final, Roy Batty (el siempre subvalorado Rutger Hauer) pronuncia sus últimas palabras y se desprende de una paloma que, como su alma, indicio de su alcanzada humanidad, vuela hacia el cielo. A continuación, el video y la traducción de las célebres palabras del replicante en su ocaso.


"He visto cosas que los humanos ni se imaginan.
Naves de ataque incendiándose cerca del hombro de Orión.
He visto rayos de mar centellando cerca de la Puerta de Tannhäuser.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir".

Para complementar estas líneas recomiendo leer el post alusivo al aniversario de Blade Runner en el blog de Humberto Acciarressi, enfocado en la obra de Dick; una interesante nota de Justo Navarro publicada hace poco más de dos meses en El País, de España; y un artículo del suple Radar de Página/12 que firmó Rodrigo Fresán en 2002, a 20 años del estreno de la película. ■