Esta tarde vi por primera vez T-Men (1947), de Anthony Mann, que en Argentina se estrenó como Mala moneda. La película es famosa, entre otras cosas, por el extraordinario trabajo -por momentos casi experimental- del gran director de fotografía John Alton, como se puede apreciar en el video que abre este post. Pero también es un notable ejemplo de por qué en el cine negro -como planteó Paul Schrader en su célebre ensayo- importan más el estilo y los detalles que la historia, a punto de que con frecuencia la contradicen. Acá la historia es la de dos agente del Tesoro de Estados Unidos que se infiltran con el objetivo de desbaratar una banda de estafadores. Hay una voz en off casi institucional que recorre todo el relato y destaca el profesionalismo y la entrega de los agentes para combatir el delito. Y al final, claro, ganan los buenos, porque el que las hace las paga. Pero en el medio vemos cómo uno de los agentes finge no reconocer a su esposa para evitar que lo descubran, y cómo, poco más tarde, su compañero casi no se inmuta cuando lo asesinan a sangre fría. Lo que demuestra que Mann estaba más interesado en la deshumanización absoluta de los agentes que deben trabajar encubiertos que en su supuesto heroísmo. ■
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Dos agentes entre las sombras
Publicado el 18.12.16 por Andrés
Esta tarde vi por primera vez T-Men (1947), de Anthony Mann, que en Argentina se estrenó como Mala moneda. La película es famosa, entre otras cosas, por el extraordinario trabajo -por momentos casi experimental- del gran director de fotografía John Alton, como se puede apreciar en el video que abre este post. Pero también es un notable ejemplo de por qué en el cine negro -como planteó Paul Schrader en su célebre ensayo- importan más el estilo y los detalles que la historia, a punto de que con frecuencia la contradicen. Acá la historia es la de dos agente del Tesoro de Estados Unidos que se infiltran con el objetivo de desbaratar una banda de estafadores. Hay una voz en off casi institucional que recorre todo el relato y destaca el profesionalismo y la entrega de los agentes para combatir el delito. Y al final, claro, ganan los buenos, porque el que las hace las paga. Pero en el medio vemos cómo uno de los agentes finge no reconocer a su esposa para evitar que lo descubran, y cómo, poco más tarde, su compañero casi no se inmuta cuando lo asesinan a sangre fría. Lo que demuestra que Mann estaba más interesado en la deshumanización absoluta de los agentes que deben trabajar encubiertos que en su supuesto heroísmo. ■
Etiquetas: Anthony Mann, Etcéteras, Film noir, John Alton |
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Grandes robos de joyas del cine [*]
Publicado el 29.7.13 por Andrés

¿La realidad supera a la ficción o, como decía Oscar Wilde, la vida imita al arte (o a la mala televisión, según la variante de Woody Allen)? Inspirado o no en hechos reales, el cine mostró decenas de robos de joyas, exitosos o condenados al fracaso. Este último es el caso de dos clásicos policiales negros: Mientras la ciudad duerme (1950), de John Huston, y Rififi (1955), de Jules Dassin, en los que los ladrones de "guante negro" (por oposición a los más refinados de "guante blanco") terminan tras las rejas, porque para los de su condición cuando algo puede salir mal termina saliendo condenadamente mal. Quentin Tarantino saqueó al Stanley Kubrick de Casta de malditos (1956) para contar la sangrienta historia de los asaltantes de Perros de la calle (1992), que también sufren el peor final. Mejor le fue a Gene Hackman en Un plan perfecto (2001), de David Mamet, que huyó y no lo pescaron. Pero acaso el mejor robo de joyas de la historia del cine sea –como el del domingo en Cannes– de origen francés: el que cometen en tiempo real (la escena dura más de 25 minutos) Alain Delon, Yves Montand y Gian Maria Volonté en El círculo rojo (1970), obra maestra de Jean-Pierre Melville. ■
[*] Versión ligeramente modificada de un artículo publicado en la edición de hoy del diario Clarín de Buenos Aires a propósito del robo de 40 millones de euros en joyas del hotel Carlton de Cannes, en Francia, el domingo pasado.
¿Adiós a las armas?
Publicado el 6.2.13 por Andrés

Ahora que Estados Unidos parece querer discutir por fin la tenencia de armas nadie debería dejar de ver Vivir para matar (1950), de Joseph H. Lewis. La película comienza con un plano desde dentro de una armería y luego ubica las armas como la principal atracción de una feria de pueblo en la que, como show culminante, una chica disfrazada de cowgirl le dispara -metafóricamente- a la Estatua de la Libertad. Hay diálogos brillantes ("Nos iremos juntos, Laurie. No sé por qué. Quizá somos como armas y municiones, que van juntas") y un antológico plano secuencia para narrar el robo a un banco que debería figurar en el top 10 de la historia del cine. Todo en breves pero rotundos 86 minutos, con una economía de recursos envidiable. Obra maestra absoluta. ■
Etiquetas: Etcéteras, Film noir, Joseph H. Lewis |
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Tres películas basadas...
Publicado el 6.12.12 por Andrés
...en Adiós, muñeca (Farewell, My Lovely, 1940), una de las grandes novelas de Raymond Chandler.
The Falcon Takes Over (1942)
Dirección: Irving Reis.
Elenco: George Sanders, Lynn Bari, James Gleason, Allen Jenkins, Helen Gilbert, Ward Bond, Anne Revere.
Tercera película del personaje El Halcón, un aventurero creado por el escritor Michael Arlen pero redefinido para el cine como un famoso playboy con una abultada cuenta bancaria. Un despropósito: filmar una historia de Philip Marlowe sin Philip Marlowe, reemplazado por un protagonista que nada tiene que ver con el más famoso de los detectives privados. La historia se traslada a Nueva York y aunque hay bastantes cambios con relación al original el esquema básico se mantiene. Con un marcado tono de comedia y el ayudante del héroe como comic relief, si se deja de lado el hecho de que se trata de una adaptación de Chandler (la primera, ni más ni menos) la película no está del todo mal, sobre todo por el buen timing en los diálogos.
El enigma del collar (Murder, My Sweet, 1944)
Dirección: Edward Dmytryk.
Elenco: Dick Powell, Claire Trevor, Anne Shirley, Otto Kruger, Mike Mazurki, Miles Mander, Douglas Walton.
¿Dick Powell, el protagonista de los musicales de Busby Berkeley, el que cantaba Young and Healthy en la gran Calle 42, interpreta ahora al duro Philip Marlowe? Sí, y lo mejor de todo es que funciona. Se trata de una de las películas que, en plena Segunda Guerra Mundial, ayudó a crear los estándares de un género al que Paul Schrader definió en un célebre artículo como el más creativo de la historia de Hollywood ("probablemente", acotó él). En el uso de la voz en off, los flashbacks, la fotografía, las luces y las sombras está la escencia del film noir clásico. Y todo sin traicionar la gran novela de Chandler.
Adiós, muñeca (Farewell, My Lovely, 1975)
Dirección: Dick Richards.
Elenco: Robert Mitchum, Charlotte Rampling, John Ireland, Sylvia Miles, Harry Dean Stanton, Jack O'Halloran, Sylvester Stallone.
En medio de una década extraordinaria para el cine estadounidense, plagada de thriller secos y desprendidos de artificios, Richards se mandó una película deliberadamente a contrapelo. Y le salió bien, muy bien. En gran medida porque contó con uno de los mejores Marlowe del cine, para muchos el mejor de todos: al borde de los 60 años, Robert Mitchum encontró el tono justo, casi como de vuelta de todo, con un andar cansino y el sombrero medio de costado, la mirada desganada pero nunca perdida. Como bonus track de lujo se lo puede ver al gran Jim Thompson, en su única participación delante de las cámaras, en el papel de un juez corrupto.
The Falcon Takes Over (1942)Dirección: Irving Reis.
Elenco: George Sanders, Lynn Bari, James Gleason, Allen Jenkins, Helen Gilbert, Ward Bond, Anne Revere.
Tercera película del personaje El Halcón, un aventurero creado por el escritor Michael Arlen pero redefinido para el cine como un famoso playboy con una abultada cuenta bancaria. Un despropósito: filmar una historia de Philip Marlowe sin Philip Marlowe, reemplazado por un protagonista que nada tiene que ver con el más famoso de los detectives privados. La historia se traslada a Nueva York y aunque hay bastantes cambios con relación al original el esquema básico se mantiene. Con un marcado tono de comedia y el ayudante del héroe como comic relief, si se deja de lado el hecho de que se trata de una adaptación de Chandler (la primera, ni más ni menos) la película no está del todo mal, sobre todo por el buen timing en los diálogos.
El enigma del collar (Murder, My Sweet, 1944)Dirección: Edward Dmytryk.
Elenco: Dick Powell, Claire Trevor, Anne Shirley, Otto Kruger, Mike Mazurki, Miles Mander, Douglas Walton.
¿Dick Powell, el protagonista de los musicales de Busby Berkeley, el que cantaba Young and Healthy en la gran Calle 42, interpreta ahora al duro Philip Marlowe? Sí, y lo mejor de todo es que funciona. Se trata de una de las películas que, en plena Segunda Guerra Mundial, ayudó a crear los estándares de un género al que Paul Schrader definió en un célebre artículo como el más creativo de la historia de Hollywood ("probablemente", acotó él). En el uso de la voz en off, los flashbacks, la fotografía, las luces y las sombras está la escencia del film noir clásico. Y todo sin traicionar la gran novela de Chandler.
Adiós, muñeca (Farewell, My Lovely, 1975)Dirección: Dick Richards.
Elenco: Robert Mitchum, Charlotte Rampling, John Ireland, Sylvia Miles, Harry Dean Stanton, Jack O'Halloran, Sylvester Stallone.
En medio de una década extraordinaria para el cine estadounidense, plagada de thriller secos y desprendidos de artificios, Richards se mandó una película deliberadamente a contrapelo. Y le salió bien, muy bien. En gran medida porque contó con uno de los mejores Marlowe del cine, para muchos el mejor de todos: al borde de los 60 años, Robert Mitchum encontró el tono justo, casi como de vuelta de todo, con un andar cansino y el sombrero medio de costado, la mirada desganada pero nunca perdida. Como bonus track de lujo se lo puede ver al gran Jim Thompson, en su única participación delante de las cámaras, en el papel de un juez corrupto.
Etiquetas: 3 películas, Film noir, Philip Marlowe, Raymond Chandler, Robert Mitchum |
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La inexorable marca del destino
Publicado el 29.3.08 por Andrés

Un grupo de ladrones de poca monta organiza el golpe de sus vidas: asaltarán el hipódromo para llevarse la recaudación. El plan, meticuloso por donde se lo mire, parece perfecto. Pero los muchachos liderados por Johnny Clay (Sterling Hayden) son perdedores. Y se sabe que cuando algo puede salir mal termina saliendo condenadamente mal.
A diferencia de los ladrones de guante blanco -tipos finos e inteligentes que suelen robar por placer- los "malvivientes" buscan terminar con su vida de penurias. Por eso delinquen. Y tal vez por eso, también, las películas de ladrones de poca monta suelen tener un componente aleccionador: el que las hace las paga. Hay un destino, inexorable, que marca sus vidas. Esto se ve en otras dos grandes films de los cincuenta: Mientras la ciudad duerme (The Asphalt Jungle, John Huston, 1950) y Rififi (Jules Dassin, 1956).
Casta de malditos (The Killing, 1956, conocida en otros países de habla hispana como Atraco perfecto) fue la primera gran película de Stanley Kubrick. Para narrar la historia utilizó de manera notable un recurso que luego, casi cuarenta años después, le daría excelentes resultados a Quentin Tarantino en Perros de la calle (Reservoir Dogs, 1992): mostrar un mismo momento desde distintos ángulos, según la perspectiva de diferentes personajes.
El Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín, Buenos Aires, 5555-5359) exhibirá Casta de malditos el viernes 11 de abril a las 19, con entrada a ocho pesos, en el marco de un ciclo sobre cine negro estadounidense. La programación completa, aquí. ■
Etiquetas: Agenda, Film noir, Stanley Kubrick |
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