Apenas un delincuente y la necesidad de preservar nuestro cine

Jorge Salcedo en 'Apenas un delincuente'

Una versión restaurada de Apenas un delincuente (1949), gran película de Hugo Fregonese, se exhibió ayer y hoy en la sección de clásicos del Festival de Cine de Venecia. Sobre eso -y sobre Fregonese, el único director argentino que logró tener una carrera en Hollywood- escribí para La Agenda. Pero el tema no se agota ahí y también sirve para hablar de qué se está haciendo para se preservar y difundir el cine nacional clásico, dos tareas íntimamente relacionadas que en general no reciben la atención que merecen en Argentina.

Se calcula que el 90 por ciento de la producción de cine mudo nacional y la mitad del sonoro están perdidas. El dato genera pavor, sobre todo por la riquísima historia fílmica de Argentina, que llegó a ser un faro en América Latina. "Nosotros, los que no resguardamos nuestro patrimonio, vamos a quedar mucho menos representados en el futuro. Ya las historias del cine se centran en Europa y Estados Unidos, y el resto aparte. Si encima las películas no están disponibles y nadie las conoce, vamos a desaparecer. Una película desaparece no sólo cuando se pierde su soporte fílmico, sino cuando desaparece su recuerdo", opina Paula Félix-Didier, directora del porteño Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, que se encargó -junto con aportes privados- de restaurar la copia de Apenas un delincuente.

En 2012 un grupo de críticos y especialistas convocados por la revista británica Sight & Sound eligió a Vértigo (1958), de Hitchcock, como la mejor película de la historia, aunque es probable que muy pocos hayan visto Más allá del olvido (1956), de Hugo del Carril, que tiene más de un tema en común. En casi todo el mundo Leonardo Favio es más conocido como cantante que como cineasta. "Fuera de Argentina se conoce bastante poco del cine nacional clásico. Nuestro director más conocido fue Leopoldo Torre Nilsson, porque en la década del '50 se ubicaba junto a Bergman y Kurosawa como uno de los que estaba haciendo algo distinto. Pero del resto, casi nada", dice Félix-Didier. Que películas como Apenas un delincuente puedan verse en el exterior con la calidad que merecen es una forma de mantener viva nuestra historia. "Lo que queremos es que las películas encuentren un público nuevo, y no queden sólo en la nostalgia de quienes la vieron en su momento. Nuestra idea es que los archivos son espacios vivos, y no un lugar donde las películas van a morir".

La impiadosa inmaterialidad de lo digital, que transforma todo en intangibles ceros y unos, hizo que la cuestión de la preservación se volviera casi cotidiana. Una caja de zapatos puede atesorar las fotos de aquellas lejanas vacaciones de la infancia, pero es probable que las imágenes del verano pasado se hayan perdido en algún CD que se rayó o en un disco rígido que murió sin previo aviso. Félix-Didier cree que estos pequeños problemas de todos los días hicieron que la idea de la preservación esté más presente en la gente. "Lo digital no es la solución. Hasta ahora el fílmico ha demostrado ser lo más duradero. No va a durar para siempre, pero hoy, más de 100 años después, la películas de los hermanos Lumière se pueden ver. Acá y en otros países se está haciendo una apuesta muy fuerte por el digital que yo creo que va a terminar siendo un error. Hoy nadie puede garantizar que exista un formato digital que dure, no te digo los más de 100 años del fílmico, pero al menos 20 años. Fundamentalmente por los modos de reproducción, que no suelen ser retrocompatibles".

Preservar el patrimonio audiovisual no es un capricho cinéfilo. Además de ser una extraordinaria obra de arte, Apenas un delincuente ofrece un registro de otra época, de una ciudad que ya no es, de una forma de vestir y hablar. Porque el cine también es un documento histórico, un inventario visual, sonoro, cinético y simbólico de incalculable valor. Valga un ejemplo: en el Festival Internacional de Cine de Montaña que se realizó hace dos semanas en Ushuaia el Museo del Cine proyectó un documental, realizado en 1941, con el registro del viaje que Exequiel Bustillo, entonces presidente de Parques Nacionales, hizo por la Patagonia siguiendo los pasos que a fines del 1800 había dado el perito Francisco Moreno. Entre otras cosas, contiene impactantes imágenes en colores del glaciar Perito Moreno. "Más allá de que a todos nos guste a todos eso, supongo que para los científicos que estudian el calentamiento global debe ser muy útil poder analizar literalmente cómo estaba el glaciar en 1941", cuenta Félix-Didier.

La creación de una Cinemateca Nacional estatal, que se encargue de resguardar el patrimonio audiovisual del país, es un viejo reclamo que por ahora avanza a paso lento. La situación es paradójica: a partir de 1947 -cuando se implementó un sistema de créditos y subsidios a la producción nacional que, con matices, continúa hasta hoy- el Estado invirtió dinero en la mayoría de las películas que se realizaron en el país, pero hizo poco para preservar ese cine que en parte había financiado. Algunas iniciativas -como las que lleva adelante el Museo del Cine o el programa de recuperación "Cine Argentino Siempre" que realiza Incaa TV- permiten un moderado optimismo, aunque aún faltan políticas públicas sistemáticas y duraderas en el tiempo. Sólo así el pasado del cine nacional podrá también tener un futuro. ■

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