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El nítido vértigo de Pinkaew

'Tom yum goong', de Prachya Pinkaew
Cuando Fred Astaire demostraba su refinada destreza en las películas de la RKO de la década del treinta en general se lo mostraba en un plano abierto, de cuerpo entero y sin montaje. Había una necesidad de cerciorar con la ausencia de cortes que quien realizaba esos sorprendentes pasos de baile era el mismo que actuaba en el resto de la película, y no un doble.

Algo parecido hace Prachya Pinkaew con sus musicales de artes marciales. Hace unos meses me quejaba de varias escenas de acción de películas recientes que se esconden detrás de un montaje vertiginoso para disimular sus carencias narrativas, algo que François Truffaut, lúcido, definió hace más de 40 años como "una huida ante la dificultad". Uno de los méritos del director tailandés es, justamente, narrar con pericia las vertiginosas y excitantes escenas de pelea. Debo reconocer el mérito -que no supe advertir cuando comenté Chocolate (2008)- luego de haber visto la mediocre Tom yum goong (2005).

En las luchas se suele ver y entender todo: desde que el pie comienza a moverse hasta que impacta en la cabeza del adversario de turno. Pinkaew no esconde nada ni se oculta detrás de un montaje furioso. Es cierto que en Tom yum goong hay una persecución de lanchas bastante confusa. Pero unos minutos antes había metido a dos elefantes en medio de una multitud y lo había filmado con pericia: siempre se sabe qué está pasando, por qué cada personaje reacciona de determinada manera, en qué lugar transcurre la acción.

La mediocridad de Tom yum goong se debe, sobre todo, a su poco original historia y a lo unidimensional de los personajes. La narración es más que nunca una excusa para pasar al siguiente combate. Incluso la estética de los videojuegos está llevada al paroxismo.


El goce, eso sí, está garantizado. Vean si no el prolongado travelling en el que la steadycam sigue a Kham (Tony Jaa) mientras avanza por una escalera circular desparramando muñecos. ■

Piña va, piña viene

Yanin Vismitananda en 'Chocolate', de Prachya Pinkaew

Bafici 2009
CHOCOLATE (2008)
Dirección: Prachya Pinkaew.
Elenco: Jija Yanin, Hiroshi Abe, Pongpat Wachirabanjong.
País: Tailandia.
Duración: 90 minutos.
Más info »

La historia es una excusa, literalmente, para las escenas de pelea. Escenas excitantes, vertiginosas, inverosímiles, creativas, por momentos sorprendentes. Chocolate es una de artes marciales un poco al viejo estilo, como si Matrix y sus deudoras (El tigre y el dragón, Kung-fusión y una larga lista de etcéteras) jamás hubiesen existido.

La película transita todos los tópicos y lugares comunes del subgénero. Poco importa. Las peleas se van sucediendo, cada una -como si fueran niveles de un videojuego- más compleja que la anterior. Acción pura y dura sin dobles de riesgo que apuesta más a los trucos de montaje que a los digitales.

La cámara de Prachya Pinkaew y las coreografías de Panna Rittikrai no establecen un nuevo estándar, como plantean algunos. Marcan, sí, un regreso salvaje y cruento a la vieja escuela, como muestran las imágenes documentales del final. Una suma del Jackie Chan ochentoso, antes de su desembarco en Hollywood, con el Virtua Fighter de principios de los noventa.

Aunque hablar de revolución me parece un despropósito, recomiendo para más datos la nota que Javier Alcácer escribió en Otros Cines sobre la obra de Pinkaew. ■

> Chocolate se puede ver hoy a las 23.15 en el Abasto y mañana a las 22.30 en el Atlas Santa Fe.