Los secretos de Criterion

Criterion, la mejor empresa editora de cine en video del mundo, es una especie de milagro para los cinéfilos. Con sede en Nueva York, surgió tímidamente en 1984, en medio de la explosión del VHS, y comenzó a editar películas en el hoy extinto formato LaserDisc. Y desde los comienzos marcó algunas diferencias y fijó una serie de parámetros de calidad que, con los años, se volvieron un estándar.

Algunas artes de tapa de Criterion exhibidas en la muestra del Bafici (click para ampliar)
Criterion inventó la pista de audio adicional con comentarios sobre la película, que utilizó por primera vez en una edición de King Kong (1933) que sacó al mercado en los ochenta. Y a partir del lanzamiento del octavo título de su catálogo, La invasión de los usurpadores de cuerpos (1956), siempre respetó el formato original de los films, en una época en la que el VHS mutilaba parte de la imagen para hacerla entrar en el formato casi cuadrado (aspecto 4:3) de los televisores. Y más adelante comenzó a incluir breves ensayos -generalmente escritos por críticos prestigiosos como Kent Jones o J. Hoberman, entre muchos otros- en la cajita con los discos.

La empresa creció, empezó a editar en DVD y Blu-ray y amplió notablemente su catálogo. Buena parte de lo mejor del cine del mundo de todas las épocas (de Charles Chaplin a Yasujirō Ozu, de Satyajit Ray a Jean-Pierre Melville) se puede conseguir en una edición de Criterion, lo que garantiza un nivel de calidad muy alto. Pero no sólo editan clásicos consagrados o películas que integran el canon cinematográfico desde hace décadas, sino que además, ocasionalmente, rescatan grandes obras olvidadas. Quizá uno de los mejores ejemplos sea Blast of Silence (1961), un estupendo film noir dirigido y protagonizado por Allen Baron que permanecía casi invisible hasta que lo editaron en 2008.

Las ediciones de Criterion suelen ser muy caras (unos 23 dólares los DVD y cerca de 28 los Blu-ray, a lo que desde estas lejanas latitudes hay que sumarle los altos costos de envío) y no incluyen subtítulos en castellano. Pero su relevancia trasciende la posibilidad de adquirirlas: si una película es editada por la empresa comenzará a ser revisada, lo que acrecienta las chances de que -de algún modo u otro- podamos acceder a ella. Algo similar ocurre en sentido inverso: le da una mayor visibilidad en el centro (sobre todo Estados Unidos e Inglaterra) al cine hecho desde la periferia, como ocurrió con La ciénaga (2001), obra maestra de Lucrecia Martel, por ahora la única película argentina que integra su catálogo.

El reciente Bafici armó una muestra dedicada al arte de Criterion. En el Centro Cultural Recoleta se exhibieron cerca de 70 diseños originales para las portadas de las ediciones en video, que es otra de las marcas registradas de la compañía. Y además invitó a su presidente, Peter Becker, que el sábado ofreció una charla que fue moderada por Juan Manuel Domínguez. Entre otras cosas, contó cómo eligen qué películas van a editar, cómo trabajan en la confección de las ediciones especiales (en general a partir de la restauración digital de los negativos originales o las copias en 35 milímetros disponibles), cómo se relacionan con los directores (hay anécdotas sobre Wes Anderson, Bernardo Bertolucci, David Lynch y Terrence Malick) y qué futuro le ven a las ediciones en formatos físicos frente al avance del streaming y el video on demand. La charla -en la que Becker demuestra ser un tipo inteligente y muy informado- se puede ver en el siguiente video.


A la charla le faltan unos pocos minutos. En parte porque mi cámara de fotos no permite filmar más de 17 minutos de corrido, lo que me obligaba a cortar y volver a empezar. Y además porque el intérprete que tradujo al castellano las palabras de Becker no era demasiado bueno (algo que lamentablemente suele ocurrir con frecuencia en el Bafici), por lo que decidí omitir algunas de sus deficientes -y hasta confusas- traducciones. De todos modos, lo más jugoso del encuentro está en el video. ■

La clase de cine póstuma de Bielinsky

Imágenes del rodaje de 'El aura'

El 28 de junio se cumplirán diez años de la muerte de Fabián Bielinsky, y esta edición del Bafici lo está homenajeando como se merece. Por un lado, tan previsible como necesario, exhibe sus películas, en 35 milímetros y con algún condimento extra (el viernes pasado Gastón Pauls y Sebastián de Caro presentaron Nueve reinas en el Gaumont, mañana a la noche Gabriel Medina y otra vez De Caro harán lo mismo con El aura). Por otro, con la edición de un libro titulado El fulgor, que compila diversos artículos y entrevistas (uno de mi autoría) sobre su obra y que fue presentado el jueves pasado con una charla abierta al público.

El homenaje tiene una tercera pata que, por sus características, quizá sea la más interesante durante los pocos días que le quedan al festival. Las películas podrán verse en otro momento (y seguramente volverán a proyectarse en una sala de cine), el libro puede comprarse ahora y leerse más adelante, pero la exhibición que se montó en una de las salas del Centro Cultural Recoleta es de visita imprescindible.

Denominada simplemente "Bielinsky", permite recorrer su vida en una serie de bellas fotos, que van desde sus primeros pasos con una cámara en la mano hasta el backstage de El aura, pasando por su extensa trayectoria como asistente de dirección. Se muestran además algunas de sus pertenencias vinculadas al cine, como libros, figuritas o recortes de diarios y revistas. Y hay, también, algunos objetos que más que simples piezas de utilería ya forman parte de la memoria cinematográfica argentina, como la caja de habanos "Nueve reinas" que aparece en la película o la mismísima plancha de estampillas.

Pero lo que hace extraordinaria la muestra es una serie de apuntes, recortes y papeles, hasta ahora nunca exhibidos al gran público, que permiten espiar el modo en que Bielinsky trabajaba sus ideas. Se sabe que el título original de Nueve reinas era "Farsantes", y que decidió cambiarlo por uno que diera menos pistas sobre la historia. En el Recoleta se puede ver la lista de posibles títulos que el director discutió con algunos de sus colaboradores. Esos papeles, impresos en una computadora y con algunos apuntes a mano, permiten descubrir mucho más que un brainstorming. Mirados con atención revelan la obsesión de Bielinsky por los detalles, la búsqueda de una o más palabras que no sólo le den nombre a una película sino que además digan algo sobre la trama pero a la vez no la deschaven. Se convierten así en una clase involuntaria acerca de cómo titular una película.

La plancha de estampillas usada en 'Nueve reinas'

Algo parecido ocurre con los apuntas acerca de los distintos tipos de robos y estafas, tomados de recortes de diarios o de otras películas de con-artist como El golpe o Ambiciones prohibidas. Más que recopilar casos, lo que hizo Bielinsky fue una investigación para llegar al corazón conceptual de cada truco y, así, poder adaptarlo a la trama de su película. Lo mismo con la posible personalidad de los personajes: los desgrana en un punteo en el que, más que describirlos, los va perfilando.

Lo que se exhibe en la muestra se complementa con uno de los capítulos del libro, denominado "Espiando a Fabián". Allí se presentan otra serie de apuntes inéditos sobre el proceso creativo de ambas películas. Es especialmente jugoso lo relacionado con El aura. Se puede leer el tratamiento de un guión que nunca llegó a filmarse, llamado "El hombre inmóvil", que remite invariablemente al cuento El sur, de Borges, y en el que puede hallarse el germen de su última película. Y también se puede espiar un fragmento del guión que tiene un comienzo distinto -y quizá más explícito- al que finalmente quedó en el film, entre otros valiosos detalles.

Todo esto, más que un homenaje, configura una clase de cine póstuma del director. ■

> La muestra sobre Fabián Bielinsky se puede visitar en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930) hasta este domingo a las 20.

Homenaje a Fabián Bielinsky en el Bafici

Fabián Bielinsky durante el rodaje de 'Nueve reinas'

En junio se cumplirán 10 años de la muerte de Fabián Bielinsky, un director que a pesar de lo breve de su obra (apenas dos películas y un par de cortos) dejó una marca indeleble en el cine nacional. Nueve reinas (2000) fue una especie de ovni que llegó desde donde menos se la esperaba, sacudió a la crítica y el público y logró instalarse en la memoria de los espectadores como muy pocas películas. Y cinco años después presentó El aura (2005), una obra maestra que se ubica entre las más grandes realizaciones de nuestro cine.

La nueva edición del Bafici, que arranca este miércoles, le rendirá un merecido homenaje a Bielinsky. El festival exhibirá sus dos largometrajes en copias en 35 milímetros y su corto La espera (1983) -el otro, El péndulo (1980), realizado durante su etapa de estudiante, se puede ver en YouTube-, y le dedicará una exhibición con storyboards, fotos y entrevistas, entre otros materiales.

Además se editará un libro titulado El fulgor - Ideas sobre Fabián Bielinsky, que incluye textos de Javier Porta Fouz -nuevo director del festival-, Sergio Wolf, Sebastián de Caro y uno mío, una extensa entrevista con Ricardo Darín y una buena cantidad de material inédito, tomado del archivo personal del director, que permite acercarse a su proceso creativo.

El libro será presentado este jueves a las 18 en el Auditorio El Aleph del Centro Cultural Recoleta, en una mesa que integraré junto a Porta Fouz, De Caro y Gabriel Medina, director de Los paranoicos (2008) y La araña vampiro (2012). ■