Festival de Mar del Plata 2014 (primera parte)

Dos primos sueltos en Hollywood

Yoram Globus y Menahem Golan en el Festival de Cannes

El australiano Mark Hartley continúa con su cruzada por rescatar cierto cine generalmente considerado berreta, aunque no necesariamente malo (ocasionalmente, todo lo contrario). Primero había sido Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation! (2008), sobre el furor del cine de género australiano de fines de los setenta y mediados de los ochenta, etapa que dio un puñado de grandes películas (Patrick, Fin de semana mortal, la saga de Mad Max). Un par de años más tarde presentó Machete Maidens Unleashed! (2010), que cuenta el renacer del cine filipino a fines de los sesenta de la mano de realizadores locales como Gerry de Leon y Eddie Romero y del desembarco, poco después, del siempre astuto Roger Corman, que entre otras cosas inauguró en la lejana isla su saga de películas de mujeres en cárceles que hizo conocida a la voluptuosa Pam Grier.

Ahora Hartley -que en el medio realizó su primera ficción, una remake de Patrick que el jueves pasado se estrenó en Buenos Aires- se metió con la historia de la difunta productora estadounidense Cannon. El esquema de Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films, bastante clásico, es el mismo de los anteriores documentales: gran variedad de testimonios y buen material de archivo guían una narración cronológica que no profundiza demasiado ni tiene grandes ideas pero resulta invariablemente divertida. La única diferencia es que aquí no hay un testimonio externo a la historia (Quentin Tarantino en Not Quite Hollywood, John Landis en Machete Maidens Unleashed!), alguien muy empapado en el asunto pero que opina desde afuera.

Póster de 'Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films'La historia arranca a fines de los setenta, cuando los extravagantes primos israelíes Menahem Golan y Yoram Globus compraron la empresa, hasta entonces una opaca productora de películas de bajo presupuesto. En pocos años la transformaron en una de las compañías más prolíficas de Hollywood, pero también en una de las menos respetadas. Con el dinero como único horizonte y más sentido de la oportunidad que sensibilidad artística, los primos copiaron los éxitos del momento (Las minas del rey Salomón, con Richard Chamberlain y Sharon Stone, se colgaba del suceso de Indiana Jones), impusieron alguna moda que ellos mismos se encargaron de agotar (Breakdance y Breakin' 2: Electric Boogaloo, sobre el fenómeno del breakdancing), extendieron hasta el hartazgo sagas de dudosa calidad (la segunda entrega de El vengador anónimo y sus continuaciones, las sucesivas Fuerza Delta) y lanzaron explosivas historias de acción. Recostados en el éxito pasado de un decadente Charles Bronson y en el suceso de Chuck Norris, el nuevo héroe de acción, invadieron los cines de todo el mundo. Fueron casi un centenar de películas durante los ochenta y los primeros noventa, hasta que la Cannon, acorralada por las deudas y los malos manejos, desapareció tan de repente como había surgido. En el medio trataron en vano de lograr prestigio con películas como Otelo, de Franco Zeffirelli, o produciendo a directores como John Cassavetes (Torrentes de amor), Barbet Schroeder (Mariposas de la noche) o incluso Jean-Luc Godard (El rey Lear).

La hipótesis del documental es que Golan y Globus, al fin y al cabo extranjeros, nunca terminaron de entender del todo el mercado estadounidense. Y que en lugar de ceñirse a su esquema inicial de producción -muchas películas baratas, con las que en el peor de los casos no se podía perder mucho dinero, similar al que Corman había desarrollado en la New World Pictures una década antes- se fueron metiendo en otro más ambicioso. Así nacieron Halcón, Superman IV: en busca de la paz y Amos del universo, producciones demasiado costosas y poco (o nada) exitosas que los terminaron llevando a la ruina.

Habrá que ver ahora hacia dónde apunta Hartley en su búsqueda de más historias no (tan) contadas. Sus documentales destilan nostalgia por una forma de hacer cine que ya no existe. Tiene un mérito indudable, que a la vez puede ser un problema: al verlos dan ganas de ir a buscar las películas que muestra. Y ahí hay de todo: el Ozploitation ofreció varias gemas que vale la pena redescubrir, pero el cine de explotación filipino y las producciones de la Cannon regaron -con unas poquísimas excepciones- la cartelera de porquerías que hoy son difíciles de reivindicar. ■

> Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films se exhibió en el 29° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata dentro de la sección Generación VHS.

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