El planeta de los simios: confrontación, de Matt Reeves

Nosotros los monos

'El planeta de los simios: confrontación', de Matt Reeves

Separados hace unos dos millones de años por la formación del poderoso río Congo, chimpancés y bonobos –los parientes vivos más cercanos a los humanos– evolucionaron de forma diferente en Africa central. Aunque parecidos físicamente, los primeros son más violentos, se agrupan en clanes dominados por un macho alfa y son omnívoros, mientras que los segundos son fundamentalmente frugívoros, tienen una organización matriarcal y le dan al sexo un rol clave, incluso para resolver sus conflictos.

¿La maldad es innata a los seres vivos o se adquiere a partir de la cultura? La pregunta, que intriga a pensadores de muy diversa procedencia desde hace siglos, es una de las cuestiones centrales de El planeta de los simios: confrontación, que este jueves llegó a los cines. En la primera parte de esta revisión de la clásica saga de ciencia ficción –(R)evolución, estrenada en 2011– un experimento en simios que intenta encontrar un tratamiento contra el Alzheimer sale mal y las cosas se desquician. En esta continuación, un virus derivado de aquellos experimentos (la gripe de los monos) mató a gran parte de la población, y los simios superinteligentes y los humanos sobrevivientes intentan convivir, otra vez divididos por el agua (en este caso, el estrecho de Golden Gate, en San Francisco).

Los simios son liderados por César, un chimpancé conciliador y dialoguista. Su lugarteniente es Koba, un bonobo resentido por años de maltrato que desconfía de los humanos. Esa tensión guiará gran parte del relato y pondrá en cuestión una máxima de raigambre peronista (y aunque aparece algún gorila en pantalla, esto no intenta ser un chiste fácil): ¿para un mono no hay nada mejor que otro mono?

Como pocas superproducciones hollywoodenses, El planeta de los simios: confrontación conjuga reflexión y diversión. Un gran show, que hace un uso discretamente espectacular del 3D y, a su modo, se acerca a las preguntas que vienen inquietando a algunos homínidos desde tiempos inmemoriales. ■

> Versión ligeramente extendida de un texto publicado hoy en el diario Clarín, a propósito de una nota sobre la utilización de simios en experimentos científicos.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada