Fue escrito

De frente, como una marejada. Y con ésta, ya eran dos veces que la miraba de frente. ¿Qué sería de la unidad si se quedase sola, encerrada en su latita de hidrógeno? Cuando hay dos, ya puede haber cuanto se quiera. Se puede llegar hasta el uranio y enriquecerlo, fisionarlo.
-Hola, ¿te acordás de mí?
-Sí, claro, Vera. ¿Cómo estás?
-Bien, de librerías, acá.
Un ascenso rápido es mortal para el escafandrista. La sangre, en su inmensa pereza, se colma de nitrógeno. El tiempo agota su vitalidad, se rinde y permite el desarrollo de abundante fauna cadavérica. Para evitar esta muerte segura es necesario rodear el objetivo, demorarse. Ascender lentamente, cubierto por opiáceos capullos de tilo, de esos que lo alejan a uno de todo.
-¿Compraste algo?
-No, ya me voy. ¿Vos?
-No, tampoco.
-¿Y para donde vas?
-A casa, para allá -el dedo marcando el mar, como siempre en esta isla.
Fragmento de Precipitaciones aisladas (Entropía, 2010), segunda novela de Sebastián Martínez Daniell, que narra la excursión que emprende Napoleón Toole, el protagonista, para pensar sobre su pasado y su futuro en el improbable archipiélago de Carasia, geográficamente incierto pero dotado de historia y hasta mitología. Como escribió Matías Fernández en Hablando del asunto, uno de los varios méritos del libro es "el cultivo de diferentes áreas léxicas cuidadosamente delimitadas y al servicio de metáforas específicas". Se recomienda encarecidamente su lectura. ■

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